El olor de la carne asada y vino avinagrado saturaba las fosas nasales de Drustan. Un intenso fuego proyectaba la sombras de la gente sobre los árboles del bosque. Los cantos nocturnos y los crujidos de la madera seca quemándose eran la del particular banda sonora del tercer y último día de fiesta. Drustan había comido y bebido demasiado. Tenía la boca raposa y seca por el vino y estaba cansado del bullicio. Se acercó a una gran cesta llena de frutas y castañas. Metió la mano y escogió una manzana de piel suave. La pulió con su capa antes de morderla. El ácido refresco su boca.

—Drustan, viejo decrépito —le gritó alguien que no alcanzaba a reconocer entre las sombras mientras le agarraba el brazo. Tenía la cara manchada de sangre seca y barro—. Los dioses siguen siendo generosos contigo y aquí sigues con nosotros. Le agarró por la nuca y acercó su cara al fuego. —Se dice que has pactado con un demonio para prolongar tu vida.

La gente de alrededor rio al unísono. Drustan solo podía sentir el calor de la hoguera en su cara. No estaba claro si estaban bromeando o hablando en serio pero sabía que esas cosas empezaban como una broma o un rumor hasta que convertían en una verdad. Parecía como si vivir muchos años no estuviera bien visto en la comunidad. Un viejo solo y silencioso despertaba sospechas.

—Estoy seguro de que me queda poco. Tal vez esta noche me lleven al otro mundo —respondió.

El hombre le soltó y Drustan decidió dejar la fiesta antes de que la cosa fuera a más. La luna le revelaba que se hacía tarde y era su última oportunidad para encontrarla antes de que el Samhain terminara. Si había un momento propicio, tenía que ser aquella noche.

Cogió una vela de sebo y dejó atrás la fiesta para subir a la roca. El camino era tortuoso y oscuro pero la vela iluminó el camino con una luz tenue y parpadeante. Llegó a lo alto de un risco en pocos minutos y se sentó en una roca desde la cual podía ver la fiesta. Los gritos de la gente borracha llegaban a él como un rumor.

—Buenas noches Drustan —dijo una cálida voz femenina.

—Buenas son al oír tu voz y verte ¿Cuándo me vas a llevar contigo? —dijo sin rodeos.

—No todavía que yo sepa. Tu momento llegara, no seas impaciente.

—Los inviernos son cada vez más largos y fríos. Estoy viejo y cansado. Han pasado muchos desde que me dejaste.

Drustan se giró para abrazarla pero sus manos la atravesaron al tiempo que su imagen se desvanecía.

—Hasta el año que viene mi querida Boudica —murmuró.

Las llamas de la hoguera echaban chispas por encima de la copa de los árboles. Apagó la vela con los dedos y a los pocos minutos un cielo estrellado se abrió ante él. El silencio era solo perturbado por los zumbidos de insectos.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 8 días

    Bien jugada la emoción. La esperanza de un viejo ante la arrogancia de los jóvenes, encontrarse con su amor en la otra vida.

  • D.J.B. @DiegoJB hace 8 días

    Gracias. Me dan un poco de rabia los errores por las prisas. Siempre ando al límite para escribir.


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