Caminaba por el bosque bajo la luna. Había despertado encima de un montón de tierra y no recordaba nada. No era la primera vez que me pasaba, y no sería la última. Me dolía el estómago y tenía la boca pastosa de la resaca. Pero había algo más: Una sensación extraña que no sabía interpretar. Algo importante se me pasaba.

Un grito me asustó, miré alrededor y vi la luz: una hoguera en el claro. Escuché voces y risas y suspiré aliviado. «¡Claro! ¡Era Samhain!». Aceleré el paso, estaba cansado de deambular solo en la oscuridad.

Al llegar, todos llevaban horribles máscaras. Una mujer, con unos cuernos de ciervo, entonaba una canción. Me senté sobre una piel de oso que había en el suelo sin que nadie reparara en mí. Acaricié el basto pelaje del animal, era agradable, cálido, cómodo... La melodía era preciosa, cada nota me erizaba el vello. La triste letra me resultaba tan familiar que sin darme cuenta empecé a cantarla en voz alta. Ella calló y me observó con una extraña satisfacción. Sin decir nada llenó un cuenco con vino especiado y me lo ofreció. El aroma afrutado del licor, mezclado con la canela y el clavo, me evocó momentos que no recordaba haber vivido. El sabor dulce dejó un agradable calor que se extendió por mi cuerpo e intensificó mis sentidos.

Ella volvió a cantar, pero ya no le prestaba atención. Predominaba el olor de la madera quemada, podía escuchar como crepitaba, incluso por encima de la algarabía. Acerqué las manos para sentir el calor de la lumbre y me quedé encandilado observando las extravagantes sombras que se proyectaban el suelo.

Entonces las llamas tomaron forma de mujer. De Myrna, mi mujer. Eso era lo que martilleaba mi cabeza desde el principio. ¡Estaría preocupadísima! La culpabilidad me despejó por completo y salí de allí.

El trayecto estaba alumbrado por lámparas hechas con nabos y calabazas rellenos de carbón. ¿Pensaban que no sabía llegar a mi propia casa? Pateé una de las hortalizas con furia y comencé a correr.

Llegué sin aliento. En la ventana había un pan y una jarra de licor. Sonreí. Myrna seguía todos los años la tradición para asegurarse que nuestros antepasados fallecidos pudieran encontrarnos. La puerta estaba entreabierta, la empujé y pasé despacio. El ambiente era cálido y acogedor. Había varias velas encendidas que fui apagando camino al dormitorio. Me detuve en el umbral para contemplarla tumbada sobre la cama.

—Myrna —susurré. Ella se removió, me acerqué y me senté a su lado—. Myrna —repetí mientras acariciaba su mejilla. Era ella, pero estaba cambiada, como más madura. Despertó y me miró.

—Dillen. —Sus ojos se llenaron de lágrimas —. Te echo tanto de menos...

Me abrazó y me besó en los labios. Apagó con las yemas de los dedos la única vela que quedaba encendida y la habitación se sumió en la oscuridad.

Entonces nos entregamos con pasión, como si cuando acabara la noche, el sol me fuera a devolver, un año más, al lugar donde ahora pertenecía.

Comentarios
  • 4 comentarios
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 8 días

    Comparte un aire con otro cuento de esta prueba, "La cita".

  • Rak Pyro's @dopidop hace 6 días

    Si, @Jon_Artaza, este mes mi originalidad ha sido nula. Ya me lo han señalado mis comentaristas. Hemos sido muchos los que hemos tirado para el mismo lado.

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 6 días

    No lo decía peyorativamente, me gustó ese reencuentro benigno con los viejos amores. De todos modostampoco te quejarás, que has quedado casi arriba del todo. El mio era muy "original" y ahí está en el sótano de tu historia XD

  • Rak Pyro's @dopidop hace 6 días

    Ya lo sé @Jon_Artaza, no fastidies, que ya sé que no ibas a malas. Y bueno, por supuesto que no me quejo, de hecho, todo lo contrario, no creo que mi texto merezca estar tan arriba, siendo que este mes ha habido relatos realmente buenos...


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