Un obrero los esperaba junto a la valla que protegía el agujero. El androide los presentó:

—La detective Galitzia Gates y la Unidad Judicial Ormo 1. 

El técnico señaló al socavón. Miró a la mujer, nervioso: 

—¿Hice bien en avisar? ¿Verdad? 

Ormo respondió por ella:

—Ha hecho bien. Por ahora no le necesitamos. Puede retirarse. Gracias. 

El boquete, de un metro de profundidad, llegaba a la roca. Gates se rascó la mejilla:

—En la Luna nadie se mata por tropezar. Alguien ha golpeado a alguien y su cabeza se ha estampado aquí. —Tomó muestras de las salpicaduras de sangre—. Lo limpiaron con prisa. 

Ormo cantó el resultado del análisis:

—Operario Vince García. Libertad condicional. —Seguidamente, con voz de locutor, añadió—parece que tenemos un posible ajuste de cuentas. 

En el fondo había seis girasoles de plástico. La detective saltó dentro. Ormo inclinó su torreta de sensores siguiendo su lenta caída:

—Desaconsejo pisotear pruebas. 

Ella lo ignoró. Se acuclilló en el lecho lunar y sin volverse, levantó su dedo índice pidiendo silencio: 

—Déjame hacer magia orgánica, Ormo. —El androide cambió de posición para observar mejor—. ¿Ves esto? —Señaló una pequeña piedrita. 

—Según el espectrómetro se trata de una concrección cálcica. 

—Esfuérzate. 

Diez milésimas de segundo después, una eternidad para un androide, concluyó: 

—No hay sedimentos en la Luna, pues no hay erosión, luego no pertenece al suelo Lunar. 

—Continúa. 

Su matriz de inteligencia cribaba terabytes de datos en busca de un encaje para el hecho. Rumió sus pensamientos durante unos interminables dos segundos, luego se agitó como un avión con turbulencias: 

—Es una falangeta de una mano derecha. Quizás haya ADN. 

Ella hizo un ramo con los girasoles, cogiéndolo con ambas manos, y lo miró con la cabeza ladeada y la boca entreabierta. La red neuronal de Ormo obtenía refuerzos con cada deducción acertada. Afirmó gélido: 

—Entiendo. Entiendo. —Se quebró su voz—. La chica de los girasoles. 

—Desaparecida hace veintitrés años. Después del certamen. 

Ormo parecía ver imágenes en su cabeza. Casi inteligible por la agitación y el ruido digital de su audio, concluyó: 

—Fabiola Limberg. Miss LunAmor 2293. 

—El asesino quiso llevarse los huesos pero se le escapó este cachito. 

—¿Algo más? —dijo átono. 

—Lo tenemos. 

—¿Sabes cómo resolverlo? —preguntó fríamente. 

—Te daré lo que necesitas —afirmó sonriente—. Para que hagas tu magia de bot. 

—Bien. Bien. —Por un momento su voz se llenó de ruido digital. 

—¿Listo? 

—Sí. Sí. Sí. Procede. Procede. Procede. 

—A García le tocó cavar junto al cadáver escondido por el asesino. Lo mató por eso. Probablemente es un hombre, de unos cincuenta años. Trabajó en la base en algo relacionado con la construcción de este sector durante el concurso de 2293. Los registros de su tarjeta de presencia estarán falseados, lo situarán lejos de este lugar durante el crimen. ¡Ah! Hoy no ha asistido al trabajo, tiene que deshacerse de dos cuerpos. 

Ormo bailaba como si estuviese lleno de vapor, a punto de explotar. Tras siete segundos escupió con voz metalizada: 

—Subdirector de Servicios Neumáticos Ezequiel Sonda. 

—¡Pam! Somos buenos. 

El androide vibraba tratando de contenerse. Confesó gélidamente: 

—Jamás había sentido esto. Galitzia, te amo con gran precisión.



Comentarios
  • 2 comentarios
  • Jesús @Jesus hace 1 mes

    Me gusta como has mezclado el género del ci-fi con el género de novela policial. Queda muy bien y el giro que se hace para que el robot sea en procesamiento mucho más lento que los humanos pese a tener un equipamiento, en teoría, superior. Respecto a la historia, da para lo queda con 500 palabras, pero en principio parece muy interesante. Un saludo.

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    Gracias Jesús por pasarte!!!


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