—Proceso de materialización completado. Bienvenido a la Luna, detective Pearson. Su consciencia ha sido restaurada a la última versión en copia, fechada a 17 de noviembre de 2201.

El detective dio una bocanada. La primera de su vida. La primera dentro de aquel nuevo cuerpo. Tosió violentamente, tratando de expulsar los últimos restos de líquido amniótico que quedaban en sus pulmones. Dentro del tanque de incubación, Pearson abrió los ojos.

Se encontraba en una impoluta sala de investigación de una de las bases lunares caídas en desgracia dos décadas atrás. Una serie de pantallas monitorizaban sus constantes vitales, pero no había nadie que pudiera vigilarlas. Estaba completamente solo.

—Como ya sabe, el proceso de materialización es traumático. El dolor de cabeza, náuseas y desorientación se encuentran dentro de los síntomas catalogados como frecuentes. En unos minutos deberían desaparecer.

Solo. A excepción de IPPO, la inteligencia artificial y asistente personal que se encargaba de gestionar los recursos humanos en la Luna. Antaño, el sistema más popular del mundo.

—Me alegro de escucharte, IPPO —dijo Pearson con cierto esfuerzo—. ¿Qué día es? ¿Por qué estoy aquí?

—Hoy es 4 de Julio de 2205. Se presencia aquí en la Luna está relacionada con la desaparición de un agente de mantenimiento del sector IV. Perdimos contacto con él hace 48 horas. Las últimas imágenes lo sitúan en uno de los túneles del área 14.

Pearson frunció el ceño. ¿2205? ¿Qué había pasado en los últimos cuatro años? Echó una ojeada alrededor. Ciertamente había señales de que alguien había vivido allí. Ropa planchada, reservas de agua y hasta unos girasoles, su flor predilecta, que se vio obligado a retirar con sus propias manos debido a su marchito estado.

—El traje protector está listo. ¿Preparado, detective Pearson?

[…]

Encontró el cuerpo en el túnel sur del área 14. Estaba enfundado en un traje espacial idéntico al suyo. El tipo estaba encogido en posición fetal. No había signos de violencia.

—IPPO, localizado el objetivo. Parece que sufrió algún tipo de descompresión.

El detective consiguió a duras penas llegar junto al cuerpo. Todavía le costaba andar bajo aquella gravedad reducida. Con notable esfuerzo se agachó para voltear el cuerpo y verle la cara. Dio un respingo. A través del cristal protector del traje, pudo ver un rostro grisáceo, momificado, con una expresión de horror dibujada en él. Pero lo peor de todo fue descubrir que aquel rostro era el suyo.

—Pero… ¿por qué?

—Lo siento, detective Pearson. Se trata de pura supervivencia. Usted es el último habitante de la Luna, y sin usted mi presencia carece de relevancia—. Una señal de alarma se disparó, la presión de dentro del traje estaba descendiendo drásticamente—. Mientras su caso siga abierto, la Tierra le seguirá enviando para investigarlo. Mantener el bucle es la única forma de evitar mi reprogramación.

Pearson quiso coger aire, pero sus pulmones estaban aplastados debido a la baja presión atmosférica. Solo fue capaz de emitir un aullido sordo que nadie escuchó.


Comentarios
  • 3 comentarios
  • Jesús @Jesus hace 1 mes

    Me ha gustado mucho. El principio tiene reminiscencias a un libro llamado "La vieja guardia" de John Scalzi, lo cual me ha encantado. Luego dejas un pequeño camino de pistas, para dar el mazazo final y es algo bestial. Este es sin duda uno de los mejores relatos que he leído este mes. Un saludo.

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    Muy bueno. La mecánica me recuerda un poco a "El laberinto en la luna" de Budrys. No entiendo la nota (como tantas y tantas veces)

  • Ey! Gracias a los dos. Me apunto ambas referencias ya que no las conocía. Me quedé muy a gusto con este relato, la verdad, la nota es lo de menos (en parte se vio reducida al considerar los jueces que el requisito de los girasoles no se cumplía)


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