El amor que sentía por él la había obsesionado y alejado de todo cuanto conocía. Hasta tal punto que se quedó sola en su propio cumpleaños, acompañada por una magdalena con una triste vela que parecía derretirse igual que se deshacía su corazón recordando el aroma de su piel. Sopló la llama entre llantos, desconsolada por la triste ironía. Él había robado su corazón en su anterior cumpleaños y en éste lo había devuelto sin dar mayor explicación que un “no te quiero”.

Su único deseo era volver a verlo una vez más, abrazarlo, besarlo, decirle cuánto lo amaba. Esperó durante horas sentada frente a la mesa de la cocina con la maldita magdalena. Al fin, un torbellino de adrenalina hizo que se pusiera en marcha. Se secó las lágrimas y cogió un viejo radiocasete dispuesta a imitar a John Cusack en "Un gran amor". Pero lo que en su imaginación pasaría cuando estuviera frente a él no sucedió. El piso donde habían retozado por todos los rincones estaba vacío.

Subido a un avión con una hoja de deportación y una fotografía, él viajaba con destino al país al que no quería regresar con el corazón desecho.

Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar.