—Vale, vamos a ver, aquí tengo las carpetas abiertas y aquí tengo mi... ¿dónde está mi café? Ah, vale, lo de la gravedad cero me sigue costando, si es que mudarse a la Luna... —mascullo recuperando mi taza—. Ahora sí, las carpetas. Le asesine del pentagrama ataca de nuevo, la gente ve demasiadas películas, de verdad. ¿Cuánto a que está en una secta? Seguro que es de les que hacen sacrificios a Satán y todas esas cosas... ¡Pero si le ha dejado la estrellita marcada a las tres y todo! —resoplo y doy un primer sorbo— ¿Y lo de que sean todas rubias? Madre mía, el racismo. Seguro que cuando le pille me dice que no, que es que su señor dice que el cabello claro es más digno de su reino, si es que de verdad... —Niego con la cabeza mientras reviso las conexiones entre ellas—. Aquí dice que son todas estudiantes de Málaga, pero de distintas carreras y tal, ni siquiera todas de una misma rama, no sé, si vas a matar a universitarias que sean todas de letras, que así me facilitas el trabajo.

»Pero no, claro que no, nadie te hace la vida más fácil cuando eres investigadora privada, porque pa' algo eres privada y hay que pagarte a parte. Si es que el morro la gente se lo pisa ya, eh. Bueno, volviendo, que me disperso, las chicas son del programa de reinserción. Vamos, ex-yonquis todas. Y quién más estará en ese programa, dirás. Pues sí, eso me he preguntado yo también. —Abro el primer cajón y cojo una hoja arrugada al vuelo—. A ver... Que se me escapan las cosas... 'Enga, todas las hojitas para adentro, muy bien. Vale, mira, aquí está la lista con descripciones y todo. Las rubias que siguen vivas son estas dos, pero no te preocupes, ya están en el programa de protección, que aquí donde me ves tengo mis contactos con la poli.

»El problema es saber quién las ha matado. ¿Une compañere? ¿Profesore? ¿Alguien de fuera? Lo mismo es la de la cafetería, que sus hijos murieron por la droga, pobrecillos, y todo porque la novia de uno los metió en el mundillo... La madre lo habrá pasado fatal, con dos trabajos apenas estaba en casa, y claro, como ella no estaba, pues la otra se aprovechó de los peque- ¡Espera! —Me incorporo y releo párrafo final—. ¡La novia era rubia! ¡Se está vengando! ¿Dónde está? ¿Dónde está la cabrona? —Los papeles flotan en el caos, pienso poner el despacho patas arriba como no encuentre su horario—. ¡Aquí! Mañana empieza las vacaciones, joder, se va a escapar, necesito su... —Una alarma suena y me devuelve al presente—. Mierda, la entrevista. 

»Laika, trae las flores, eso es, buena chica. —Acaricio a mi perra y cojo los girasoles, a David le van a encantar—. Me voy al sector quince, ¿vale? ¡No te comas la investigación! —Me despido de ella, apuro el café y salgo, espero que éste pille la indirecta.

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