El Departamento de Homicidios de la cara oscura de la Luna en el que trabaja el detective Jack Black está desbordado. En ese sector hay decenas de muertes violentas cada semana. Algo que se esperaba. La mayoría de los trabajadores de los vertederos de la basura que se transporta desde la Tierra son personas declaradas antisociales en sus respectivos países de origen. Los cráteres que hacen la función de vertederos —bautizados como Las Letrinas— están controlados por varias mafias: chinos, rusos, mejicanos...

Los miembros del Departamento de Policía del Lado Oscuro tienen que pasar tres años en la Luna para poder elegir destino en la Tierra. Ninguno quiere llamar la atención ni meterse en problemas. Excepto el detective Black. Su insistencia ha hecho que se investiguen los asesinatos de doce mujeres —todas prostitutas— cuyos cuerpos han aparecido eviscerados y con la cara cubierta por una flor de girasol. Un cadáver al mes, con idéntico modus operandi, y el cruel detalle de la flor a la que nunca le llegará la luz solar. Incluso Zhou, el sargento de Black, admite que el método no es del estilo de las mafias selenitas.

Los de Aduanas del Mare Ingenii envían a un sospechoso a la comisaría del Lado Oscuro. Black asiste con su sargento al interrogatorio. El hombre, Anand Nibhanupudi, de treinta años, moreno y de estatura media, confiesa que embarcó en Nueva Deli en uno de los cargueros de basura orgánica que aceptan pasajeros a precios más económicos que los transportes regulares. Insiste, en una jerga chino-inglesa, que al viajar así saca más beneficio de sus encargos. Black quiere saber más sobre esos encargos. El sargento se adelanta y pregunta por el ramo de girasoles que llevaba como único equipaje cuando fue detenido.

—Un encargo. Yo repartidor —contesta Anand.

—¿Y su maleta? —pregunta el sargento.

—Maleta en Masoodpur. Yo venir y volver a casa.

—¿Dónde hay que llevar el ramo? —pregunta Black, ansioso.

La amenaza de que se quedará el resto de su vida trabajando en uno de los vertederos hace que Anand les diga la dirección de entrega.

Black decide llevar el ramo de girasoles. Irá solo. A Zhou le da igual. Ya ha decidido culpar a Anand de los asesinatos y no va a investigar más. Misión cumplida.

La casa está bajo la cúpula del Mare Orientale. Una zona residencial para funcionarios de alto rango. Black pulsa la pantalla de acceso. La puerta se abre. Entra en un vestíbulo decorado con un holograma de Los Girasoles de Van Gogh.

—¡Querido Jack! —dice una voz—. Te esperábamos.

Un hombre de unos cuarenta años aparece de improviso en el pasillo. Black tira los girasoles y saca su arma.

—¡Al suelo! —grita.

—Vamos, Jack. No has venido a detenernos. Has venido a aprender.

—Doctor Watson —saluda Jack al reconocer al hombre y enfunda la pistola—. Es usted difícil de encontrar. ¿Y Holmes?

—¿Tu padre? En el salón. Tercera puerta a la derecha. Yo recojo los girasoles, no te preocupes.

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