- Tengo que marcharme durante un tiempo.

- Yo te iba a decir lo contrario, que te quedases conmigo para siempre.

- No sufras. Volveré para reiniciar el camino que emprendimos. Mientras, cada primer día del mes, te enviaré una carta contándote cuánto te quiero...

Y así fue. Ella marchó. Y el día 1 puntual, él recibió su carta. Estaba llena de caricias y ternura, de te echo de menos. No podía evitar que las lagrimas mojaran aquel papel.

Durante un tiempo, cada primer día de cada mes, él recibía una carta cargada de amor, de pronto volveré. Hasta el día en que dejó de recibirlas. Esas cartas se convirtieron en su refugio, en su tesoro. Y como tal las guardaba en una caja fuerte, para releerlas una y otra vez.

Unos ladrones entraron en su casa cuando no estaba y al ver la caja fuerte, no dudaron en cogerla para llevársela, esperando una gran botín,

Ese día era su cumpleaños. Al llegar a casa y ver lo sucedido, encendió una vela, la puso sobre una magdalena y la sopló. Suspiró , abrió la puerta del balcón y ,después de enjugar sus lagrimas, se lanzó al vacío.

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