―Sacar. meter. sacar. meter.―Canturreaba el asesino mirando las entrañas de su víctima ―.Hijo mío, estamos llenos de morralla. Órganos que no llevan a ningún sitio. ¿Páncreas?¿Bazo? Como si alguna vez los hubiéramos necesitado. Sin embargo carecemos de alas, garras o huesos que resistan la gravedad de La Tierra. Espera ¿No habrás dejado de respirar?.―Le tocó el cuello para tomarle el pulso―.Pero… ¿Por qué? Tú ibas a ser una obra maestra, el primero y superior a todos ellos.

Se pasó la mano ensangrentada por la cara, mientras suspiraba de hastío. Algún día, alguno ellos resistiría el proceso. Estaba seguro. Se acercó una mesa donde había girasoles en la mesa y pintó un número.

―Te había traído tu flor favorita, para que vieras mi aprecio por tí―.Cogió los girasoles y los cerró en torno a la mano del cadáver―.Hijo mío, recuerda que vine a verte antes.

John Carter se levanto hecho polvo. Como era costumbre, no recordaba cómo había llegado a la cama. Su cabeza cada día se la jugaba más y más. No tardaría en llegar el momento en el que colapsaría, pero tenía que de cumplir su deber: Impedir el crimen en la Ciudad del Sol en La Luna.

Salió rápido de casa con su traje de inspector de la policía. Estaba lloviendo, pero se había resguardado con su gruesa gabardina y su sombrero. Se montó en un taxi para que lo llevará a la comisaría. Por el camino vio la universidad, recordando la pelea con su hijo en la graduación. Siempre elegía el peor momento para confrontar los problemas.

Cuando llegó se dio cuenta de que estaba sin desayunar. Necesitaba un café para que cabeza se pusiera en marcha. Lo de luego le daba igual.

―Señor, el asesino de los girasoles ha vuelto a actuar...y la víctima tiene un número.

John Carter casi escupe el café. Eso era nuevo, una pista. Interesante. Ese narcisista no se podía resistir a dejar su firma, al fin.

Hizo un gesto y sin mediar palabra se montó en el coche y pidió el informe mientras su subordinado conducía por las calles. Lluvia en la Luna y niños que nacían directamente allí, la terraformación daba sus frutos.

Había vuelto a matar en un almacén del astillero. Cerca de donde se dejaba las mercancías que venían de La Tierra.¿Eso era parte de algún extraño patrón? Ya lo pensaría más tarde.

―Aquí es.

John bajo con un enérgico salto del coche y abrió la puerta del almacén. El corazón le dio un vuelco. Su hijo estaba muerto en la silla, sujetando un ramo de girasoles en el que estaba escrito el número uno. Triste y roto se acercó al cuerpo frío.

―Hijo mio, ¿porque no fui a verte antes?―dijo con el brazo en el hombro del cadáver y mientras que las lágrimas recorrían su cara.


Comentarios
  • 3 comentarios
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    Uhmmm... Inquietante, siempre logras ese punto, tienes un estilo muy reconocible. ¿Es parte de una historia más larga que tengas pensada? ¿Cual es la motivación del asesino?

  • Jesús @Jesus hace 1 mes

    Escribí tres historias este mes, solo participé con esta. En principio mi relato iba de una detective(quería que el protagonista fuera una mujer) y era ligeramente superior pero sobrepasaba las 2500 palabras y ni siquiera había acabado. El primer relato se parecía mucho a este pero era mucho más cómico y daba un giro de la hostia pero era súper forzado.
    Entonces sí, la historia era mucho más larga y el asesino quiere crear a una especie de ser humano superior. El asesino cree que la Luna es una especie de prisión en la que viven encarcelados los mediocres y los delincuentes para mantener La Tierra limpia de la bazofia. A veces me montó unas películas en mi cabeza dignas del peor lunático o del mejor escritor (eso nunca lo sabremos).

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    Uff, pues la idea explicada es buena, pero, honestamente no te han llegado las 500 palabras ni para empezar a desarrollarla. Lo bueno es que la idea ahí está, para que la continúes desarrollando.


Tienes que estar registrado para poder comentar.