El capitán Christopher Columbus recorrió el estrecho pasillo hasta su despacho, llevaba en la mano izquierda cuatro girasoles y en la derecha dos pimientos morrones de color azul, se disponía a redactar el diario de bitácora.


12 de octubre de 2492. Estación espacial Santa María. Día doscientos veinte de estancia en la Luna:

Acabo de ordenar la detención y arresto del ladrón de los girasoles y los pimientos morrones. Se trata del tripulante español Eleuterio Sánchez. Después de interrogar a toda la tripulación y hacer un registro minucioso he descubierto escondidos en su camarote los cuatro girasoles y los dos pimientos morrones que habían sido arrancados de la sala "huerto lunar" donde investigábamos el crecimiento y desarrollo de plantas. Todavía no sabemos porqué los pimientos han salido azules.

La situación es insoportable. Seguimos sin poder contactar con Houston. Hace cien días que debería haber llegado La Tierra, la nave con la nueva tripulación que nos tenía que relevar en la misión de investigación. Estamos atrapados en la Luna. La comida deshidratada se nos terminó anteayer. Las pipas de los girasoles y los pimientos morrones azules son lo único que nos queda para comer. Lo guardaré todo bajo llave en mi despacho e iré racionándolo, tengo curiosidad por conocer el sabor de un pimiento azul.

Me imagino que pronto empezarán los motines y de seguir así no tardaremos en...

–¡Capitán capitán! –gritó un miembro de la tripulación desde el otro lado de la puerta mientras la aporreaba con los nudillos.

–Pase –dijo Cristopher Columbus.

–¡Tierra a la vista Tierra a la vista mi capitán! Hemos divisado la nave que viene a relevarnos. Estamos salvados

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