Pese a que le gustaba sentir la presión de la radiación solar sobre su cuerpo, BELLE, la androide, esperó a estar dentro de la cúpula para quitarse el traje espacial. Necesitaba que los habitantes la percibieran como humano para que no se alertaran ante la presencia de un investigador. Era la primera vez que estaba en una cúpula marginal: la mayoría de las pantallas que la recubrían mostraban anuncios en vez de paisajes terrestres o imágenes del espacio exterior, como pasaba en aquellas más pudientes. Echaba de menos tener algún compañero con el que comentar los acontecimientos, pero este era un caso sencillo y su división estaba pasando por una sequía financiera, así que se contentó con apuntar sus impresiones personales en su diario interno y siguió el camino que le marcaba el mapa. Solo necesitaba la confesión de Laura Virtanen, última persona que había tenido acceso al todoterreno que había interceptado el envío, para poder apresarla y recuperar las semillas robadas. No quería esperar a que pusieran el botín a la venta en el mercado negro, pues, aunque haría el arresto mucho más fácil, si conseguían sacarlas de la Luna ya no tendría jurisdicción sobre el caso. Repasando las preguntas mentalmente, llegó al taller mecánico. Solo había un hombre trabajando, aunque los registros indicaban que Laura tenía turno en ese momento. Tras preguntar al humano corpulento por el paradero de su compañera, este se limitó a decirle con tono de molestia que lo único que sabía era que su inoportuna enfermedad le había arruinado la mañana.

Con pocas esperanzas, se dirigió al domicilio de Laura para cumplir con el protocolo. Le bastó tocar al timbre tres veces para dar por hecho que no abriría nadie, así que presionó su placa contra el pomo y abrió la puerta. La vivienda solo consistía en una habitación y un lavabo. Tras abrir el armario, fue obvio que en la habitación no había nadie, pues los muebles restantes eran una cama, una mesa, una silla y una cocina pegada a la pared. Abrió la puerta del lavabo con desgana, pero cuando vio la caja llena de semillas al lado del cuerpo inerte no pudo evitar sobresaltarse. La cabeza de la anciana estaba apoyada en la taza y su mano derecha, que sujetaba tres girasoles marchitos, estaba sobre su pecho. Tomó las huellas dactilares de la fría mano izquierda y tuvo que apoyarse en la pared cuando las insertó en el lector: la anciana era Laura Virtanen, de veinticinco años de edad. Al abrir la cortina de ducha pudo ver más girasoles en un tiesto, igual de marchitos que Laura. Buscó hasta en sus recuerdos más profundos, pero no encontró ningún indicio que la ayudara a explicar esa manipulación temporal.

Aun sobresaltada, BELLE sacó su teléfono del bolsillo y escribió al capitán de su división: «Robo cerrado: semillas recuperadas. Necesito a la científica, tenemos un escenario que resolver.». Salió del lavabo y se sentó en la silla a esperar.

Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar.