Era el primer resort construido en la superficie lunar, un complejo de lujo sólo accesible a los más poderosos de la Tierra. La zona estaba cerrada al público, pero nadie se había molestado en preservar la escena del crimen: pisadas por todas partes, objetos movidos. Algún imbécil había dejado su chaqueta encima del aparador. Lo único que nadie se había atrevido a tocar era el cuerpo del pequeño. Ese era mi trabajo. Seguía sentado sobre un charco oscuro, con la espalda apoyada en la pared, rodeado de juguetes. Sujetaba un ramillete de girasoles con sus manitas que ocultaba la herida mortal que había en su pecho. Exactamente igual que las otras víctimas. Aunque había algo que no me cuadraba.

Observé las flores antes de retirarlas con cuidado y suspiré aliviado al ver lo que escondían detrás. Levanté la vista para buscar a mi jefe, el detective Hugh García. Un tipo peculiar, difícil de tratar, malhablado, adicto a demasiadas cosas y todo un sociópata. Y aún así, un profesional de lo más solicitado.

—¡Jefe! —Cuando me miró, hice una señal con la cabeza para que se acercara.

Se agachó a mi lado y le mostré lo que había tras el ramo. Del boquete del pecho asomaba una maraña de cables y circuitos destrozados. De ahí manaba el espeso aceite de motor que parecía sangre. «Un androide» pensé.

—Un imitador —murmuró. Chasqueó la lengua y resopló mientras se levantaba para hablar con el jefe de seguridad—. ¿Para esto nos hacen venir al maldito módulo lunar? —le espetó. —¿Es que no saben distinguir entre un niño y un puto robot? —Agitó la cabeza cabreado—. El viaje en el transbordador ha sido una tortura —Sacó un paquete de cigarrillos y se metió uno en la boca. —Tranquilo, no lo voy a encender. Pero mi cerebro funciona mejor así.

—Entonces ¿no está interesado en resolver el caso? —la voz de una mujer nos hizo darnos la vuelta. Se trataba de una señora de unos sesenta años vestida de negro y con unas enormes gafas de sol. Sin duda la “madre” de la criatura.

Hugh soltó su peculiar risilla. Decidí intervenir.

—Jefe, creo que deberías ver esto.

Enseguida se percató de mis intenciones y se puso en cuclillas a mi lado.

—Pero si no he dicho nada —se quejó en voz baja.

—Todavía… Hugh, te oigo pensar desde aquí.

—Es que no entiendo que mierdas hacemos aquí...—Se encogió de hombros—. Ni es un puto niño muerto ni es nuestro asesino…

—¿Desde cuando eso te importa? ¿Sabes lo que nos ha ofrecido la señora por resolver el caso? Tu simplemente haz tu magia.

Agitó la cabeza y se encendió el cigarro.

—Puñetera vieja chalada —masculló.

—Señor, no está permitido fumar aquí. —dijo el guardia. Hugh se levantó, le dio una larga calada y lo tiró al suelo.

—De acuerdo. Vamos a solucionar esto cuanto antes.

Entonces hizo su magia. No tengo ni idea de cómo. Pero esa noche se dejó  dejó toda la pasta que ganamos en el casino del resort. 

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    Me hace gracia que hemos coincidido en algunas expresiones, a los dos nos gustan las frases tópicas de las novelas de historias de detectives("haz tu magia").
    "Sacó un paquete de cigarrillos y se metió uno en la boca. —Tranquilo, no lo voy a encender. Pero mi cerebro funciona mejor así." me encanta ese toque de tipo que ha visto de todo y está de vuelta de todo.
    He de decir que me ha gustado pero el final es un poco tramposo XD has resuelto el caso sin resolverlo.

  • Jesús @Jesus hace 1 mes

    Coincido con Jon y el final es una trampa. También voy a coincidicir con que las expresiones del detective son geniales. En particular tu dúo de personajes funciona muy bien, están tan pasados de vuelta que no te puedes ni imaginar que van a hacer. En particular, ahora sabiendo todo (que hubo que recortar y que te arrepientes de haberlo enviado) me doy cuenta de que esta genial salvo el final que es lo que es. Un saludo


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