Maddie se giró para ver a su acompañante. Su vestido de tirantes meneó todos los flecos al compás de la vuelta, sin embargo, la pluma de su tocado se mantuvo intacta.

     —¿Estás segura de que es aquí?

     —Claro, ¿no lo ves? La Puerta del Sol.

Maddie odiaba el humor con el que Esther, su acompañante, adornaba cada situación, por muy seria que fuese. Maddie había tratado de explicarle mil veces que pertenecían a épocas muy distintas, en las que no solo la ropa era distinta, si no también el humor.

     —No, listilla. —Resopló— Me refiero a si esto es el 2020.

La única respuesta de Esther fue una sonrisa. Reanudaron su marcha entre los madrileños y turistas de la plaza. Los implantes metálicos de Esther resonaban con cada movimiento. Era prácticamente un robot, y no una niña.

     —Deberías quitarte todo lo metálico que llevas, o la gente te oirá, incluido el blutuf ese.

Esther se detuvo en seco y se giró para mirarla, después soltó una carcajada.

     —Por última vez, se llama bluetooth y no es un objeto. Además, nadie puede vernos ni oírnos.

Maddie soltó un suspiro más de frustración. Nunca entendería todo eso. La gente del 2120, en cambio, nunca entendería lo que era la vida de verdad. 1920 sí que era vida, Maddie lo sabía bien. Felices años veinte, ¿dónde estabais ahora? Miró a su alrededor una vez más. Aquella gente estaba condenada, y no lo sabían. Maddie conocía perfectamente qué les había llevado a un mundo contaminado, y Esther sabía cómo acabaría todo. Por eso tenía que estar con ella en aquella odiosa misión.

     —Acabemos con esto ya —Dijo finalmente, como resultado de sus cavilaciones.

Las dos chicas se volvieron a poner en marcha. Sin su ayuda, la gente del 2020 no tenía mucho tiempo antes de que el nivel del mar subiese, junto con el de CO2 de la atmósfera. Maddie y Esther contaban con todo el tiempo del mundo, por algo eran viajeras en el tiempo. Aún así, la joven del pasado no llegaba a ver la utilidad de la misión. No sentía que aquel fuese un problema realmente suyo. Sentía algo de compasión por la gente, sí, pero ella nunca sentiría los consecuencias de todo eso en realidad. ¿De qué servía luchar por ellos?

Volvió a clavar la vista en Esther. La chica del futuro corría mientras tecleaba algo en el implante de su antebrazo. A ella sí que se la veía preocupada por encontrar una solución cuanto antes. Maddie lo entendía perfectamente. Al fin y al cabo, era Esther la que iba a vivir en un mundo contaminado. "Ese no era su problema." Se volvió a repetir. Llevaban ya mucho dinero gastado de la asociación de viajeros del tiempo, no podían permitirse más. En algún momento de duda, sabotearía la misión. Y si Esther estaba de por medio, se encargaría de hacerla "desaparecer".

Asintió en silencio, aunque su acompañante no se dio cuenta. Mejor.

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