La ve en la entrada de la calle preciados, entre Mickey y Pocoyó. Lleva una gorrita de lana sobre el pelo cortado a lo garçon y la cara ligeramente velada en seda. Las pestañas, alargadas al infinito, caen sobre los ojos dándole un aspecto de femme-fatale que acentúan sus labios perfilados. De sus hombros cae una capa kolinski, el cuello adornado en piel de nutria, ligeramente abierta para dejar a la vista el forro de seda con estampado chino. De las amplias mangas sobresalen las manos cubiertas por guantes color tabaco con vueltas de piel a lo aviador. Las piernas, enfundadas por gruesas medias de seda, se elevan sobre dos zapatos de tacón cuyos cierres hacen un intrincado juego de lacería sobre sus  pies. Por un momento, piensa que se parecen mucho a los que llevaba su abuela en aquella foto de su noviazgo. Claro que su abuela no podría haberse permitido la piel de nutria, ni la seda china, ni las vueltas de perlas que asoman por las aberturas de la capa.

Se acerca a ella y le dice:

—¿Marta? ¿Llevas mucho tiempo esperando?

—Para nada. Lo suficiente para fumarme un pitillo. 

Ella muestra entonces en su mano izquierda una larga boquilla de nácar con un cigarrillo fino y alargado, que había quedado disimulada entre las mangas de la capa.

—Estás impresionante. ¿Qué te parece cómo voy?

—Estamos en enero. El canotier solo se llevaba en verano. Tranquilo, no creo que la gente se dé cuenta. Seguro que todos van como en la película de El gran Gatsbi.

—¿Qué tiene eso de malo?

—Los años veinte fueron una década entera. La película reproduce la moda de un mes de esa década. Es... como esos chavales que vuelven a la moda de los años ochenta vistiéndose como en las películas de Madonna. De mis compañeras de instituto, solo una vestía así. Y lo hacía en el 89.

—¿En 1989? Espera, entonces, tienes que tener, por lo menos... ¡Vaya, yo solo te echaba unos treinta!

—Entonces no leíste mi perfil. ¡Si mi usuario es Marta75!

Entonces él se fija en otra chica en la entrada del metro, con un tocado de plumas, vueltas de perlas hasta las cinturas y vestido corto de corte recto con los hombros al aire, que mira a todas partes como buscando a alguien.

—Creo que he me equivocado de Marta...

Y no sabe si le importa.

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