Tras once campanadas expectantes, un último toque hace temblar las paredes de la Casa de Correos. Resuena por toda la plaza, por todo el país. Y, junto al grito que la sigue, viaja como parte de un eco por el mundo entero.

—¡Feliz año nuevo! 

 Quienes se han reunido frente a la Puerta del Sol vitorean y alzan sus bebidas con entusiasmo cuando la música empieza a sonar. El ambiente rebosa energía, y eso hace que los ánimos de Elisa suban como la espuma. Incluso la hace olvidar, por un instante, la brisa helada que le acaricia las piernas a través de las medias de rejilla. 

—Oíd, no es por ser aguafiestas, pero… ¿No estaríamos más cómodos con vaqueros y camisa? 

—Entramos en los nuevos años veinte, Elisa—Emilio se quita el fedora blanco y lo acomoda sobre los rizos de su melliza— Hay que ir vestidos para la ocasión.

—Pues la próxima vez vas a venir tú vestido de flapper. Y yo seré la gángster.

—Yo pagaría por verte con un vestido de flecos…—el novio de Emilio, Oscar, le rodea la cintura con una media sonrisa burlona—

—A lo mejor en otro momento. Para 2120…

—Haznos un favor, Emilio, no sigas—a su lado, Ester apura su cubata de un trago— Tu yo viejo y gordo con un vestido ajustado no es una imagen mental muy agradable

—Pienso tomarlo como una meta. Traumatizaros a todos antes de morirme..

 Elisa se tapa la boca con la mano, a tiempo de sofocar una carcajada. Los guantes negros, bajo los que sus manos están empezando a sudar, se manchan de carmín.

—Ya habrá tiempo para eso. Y para todo lo demás. Brindemos primero. ¡Por los nuevos felices 20! 

Cuatro vasos de plástico con entrechocan. Uno de ellos está vacío, y Ester no tiene más remedio que tragar aire con aroma a ginebra. 

Entonces se escucha un zumbido. Y otro. Emilio se lleva la mano al bolsillo de la americana y saca su móvil, al que no dejan de llegar notificaciones. 

El gesto se repite a su alrededor, como un virus, hasta que la mayoría de los presentes leen las nuevas con los cubatas aún en la mano. 

—¿Va todo bien?

La cara de Emilio, de puro terror, la hace tragar saliva. 

—"El discurso de paz del presidente estadounidense se cae a pedazos, tras darse a conocer su autorización para bombardear una zona civil al sur de Yazd. Esto, sumado a la reciente muerte del general Soleimani, ha puesto a las fuerzas iraníes en pie de guerra." —lee su hermano con voz temblorosa— "¿Estamos ante el inicio de una tercera Gran Guerra?"

El ambiente se oscurece en cuestión de segundos. Nadie baila ni se ríe. La gente murmura angustiada, temerosos de lo que pueda suceder.  

Elisa echa un vistazo a su reloj 

—¿Cuándo se dio el supuesto mensaje de paz?  

—Poco antes de las doce, creo... -interviene Oscar.  

—¿Han conseguido provocar una guerra en seis minutos?

—Eso parece... —Ester agita el vaso vacío— ¿Quién me acompaña a rellenarlo? Va a ser una noche larga.

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