Como todas las semanas, dejé a mi esposa y a mis hijitos en la granja y bajé al mercado a por huevos, pan y pescado. Desde que el tirano Galindorf fue derrotado, la vida en la Comarca Aceituna era plácida y hermosa. Apenas había altercados, los caminos estaban libres de bandidos y los héroes de tierras lejanas estaban implantando un nuevo gobierno más justo. La era del terror del señor de las tinieblas había terminado por fin, pero siempre quedaba algún parásito que estropeaba el día a los demás. Otra vez la maldia loca estaba dando un espectáculo en el pueblo.

Cuando aparqué mi carromato en la entrada del mercado me la encontré tirada en el suelo, dando alaridos como una bestia, revolcándose entre la paja y el barro, en el puesto de carnes. Gritaba que hiciéramos algo para sacárselo de dentro, pero nadie entendía a qué se refería. Se agitaba, azorada, y cuanto más se revolvía más demente parecía. Creo que hasta me pareció verla sangrar por las piernas. Imagino que se haría alguna herida con tanto trajín. Al final se la llevaron los guardias, prácticamente inconsciente. ¡Menos mal que hay quien vela por la paz de las buenas gentes de la Comarca Aceituna!


*****


¡Que horrible dolor! ¡No lo puedo soportar! Era igual que cuando nació mi hijo, pero a la vez diferente. Me desgarraba las entrañas, luchaba por salir fuera, pero mi vientre no estaba abultado. ¡Era imposible que estuviese embarazada! Hacía años que no yacía con un hombre. Desde que mi marido murió en la Gran Guerra, he estado sola. Nuestro pequeño también murió, las fiebres y el hambre se lo llevaron. Oh, ojalá mis dos seres más amados hubieran vivido para ver como se derrotaba al señor de las tinieblas en la Ultima Batalla. Cuan resplancediente era el sol en estos días. Pero ay, el dolor me volvía a borrar de la mente el recuerdo de mis dos tesoros. Notaba como la sangre me corria por la piel, las carnes se me abrían de puro tormento. Notaba un sabor metálico en la boca y veía puntos de colores. No podía aguantar más.

Creo que perdí el conocimiento, pues me desperté cuando los guardias me levaban en volandas. Me notaba más ligera, aliviada. Tenía la sensación de que algo vivo había salido de mi interior, pero por más que buscaba no veía a ningún bebé. No había gestado a ninguna cratura, de eso estaba segura. Pero también tenía una certeza, clara como el cielo tras la niebla, de que una presencia había estado junto a mí en la agonía y ahora se había ido.


Los guardias me tiraron a un calabozo y aquí sigo, lamentándome y sufriendo en silencio el dolor. Aún no sé lo que ha pasado, pero sé que una criatura a la que nadie pudo ver brotó de mi ser y ahora anda vagando por la zona. Sola, oculta. Pero no está asustada. Algo me dice que nosotros somos quienes deberíamos temerla.


*****


¡Por fin! ¡He resurgido! La transmutación de mi alma inmortal en carne ha sido más tediosa de lo que esperaba. Me ha costado más tiempo del que hubiera deseado encontrar un huésped apropiado. Necesitaba a alguien vulnerable en el que introducirme y regenerarme. Pero ahora mi magia negra por fin ha dado sus frutos, vuelvo a ser un ser de carne y hueso. Desde que esos malditos héroes de la luz lograron derrotarme durante la Última Batalla, he estado planeando mi venganza. Y juro que será terribe. Haré que caiga una noche eterna sobre todo el reino. Arrancaré las cabezas de los héroes y las clavaré en picas en cada una de las comarcas de esta asquerosa tierra. ¡Galindorf el poderoso volverá a ser el amo y señor de todo! Pero ahora solo soy un bebé, débil y frágil. He usado la poca magia que me quedaba para hacerme invisible y huir al bosque cercano al mercado donde ha comenzado de nuevo mi historia. Esperaré paciente, me alimentaré de las esencias de todos los seres vivos de este patético bosque y recuperaré todo mi poder. Se acerca una noche muy larga.

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