El amor no se detuvo a besar tus lágrimas, el amor no sopló la vela de la magdalena que encendiste a solas en el baño, cuando pensabas que todos habían olvidado tu cumpleaños, el amor no te consoló por las noches ni te alegró las mañanas, el amor no hizo nada por ti, porque nunca te diste cuenta que se escondía tras la sonrisa velada de tu vecino que aguardaba cada mañana, esperando para coincidir contigo en el ascensor, en las llamadas de tu madre que no cogías porque estabas trabajando y no querías distracciones, en el ladrido de tu perro que esperaba fielmente tras la puerta tu regreso.

El amor no te ayudó, porque preferiste recrearte en tu soledad para ser la víctima y no la agresora que le cerró las puertas a su corazón y ahora, cuando yaces sola, en un lecho de mortecina blancura, me llamas, y me echas en cara sus faltas y Soledad, amor, sigues sin ver tus carencias.

Tienes suerte de que el amor, sea también, a veces, incondicional.

Espérame, ya voy Soledad.

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