Prólogo

El rellano estaba iluminado, su salón oscuro. Tomó aire y lo retuvo, cogió la maleta y cruzó el umbral.

Cerró la puerta a su vida para comenzar a vivir.

A veces te ofrecí mi alma.

A veces me la cobraste.

Soñaba con un paisaje de instantáneas y perpetuos.

En mis sueños te enseñabas y ocultabas, como las mareas.

Eras una vela portadora de deseos emergiendo de una base de certidumbre y promesas.

Eras la vela que cubre de amarga cera la magdalena que la sostiene.

Siempre quise ser tu suelo y tu horizonte, tu ahora y tu mañana.

Me cansé de tu presencia, de tu añoranza, de tu frontera.

Cuando te fuiste, tu sombra se mantuvo en cada despertar, cada atardecer, cada parpadeo.

Al irme mis pulmones despertaron, mi vista captó los matices, mi corazón recuperó su cadencia.

Si en mi mano está modelar un futuro juntos, derretiré los hielos y sembraré de esperanza el espacio que nos separa.

En tu mano está soñar con otros paisajes, otras velas, otra alborada.

Vuelve...

...Adiós.

Epílogo

Una lágrima surcó su rostro, yendo a caer en la foto, distorsionando sus facciones.

Suspiró....

…Y en sus ojos bailó otra lágrima.

Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar.