El tronco de Yule ha ardido toda
la noche, hasta el amanecer, cuando el sol del nuevo día ha emergido radiante
en el horizonte. Mañana esparciremos las cenizas por nuestros campos, como toda
su vida hicieron nuestros ancestros.



Miro a Jana, sigue dormida. Una
sonrisa relajada de felicidad ilumina su rostro. Se ha perdido el alba, no
había manera de despertarla. Cuando al final ha despegado sus párpados, aquella
sonrisa no ha desaparecido.



—He visto a Irgo— es lo primero
que me dice, después de un sorbo de chocolate caliente.



—¿Te sentó mal la cena? —la
increpa Marcus, su hermano menor.



—No te rías, zoquete —dice
alzándose y enfrontándolo desde su altura. Ella sabe cómo acallarlo—. Tengo que
hablar contigo, madre —dice resuelta, sin hacer más caso a su hermanito.



—Ven, hija, vamos a la cocina.
Allí no nos molestarán y podremos hablar tranquilas.



Los restos de la cena todavía
están esparcidos por la cocina. Solo aparto cuatro cosas de la mesa en donde
solemos desayunar.



—Ven, sentémonos y me cuentas.



—Esta noche he yacido con primo
Irgo— se muerde el labio inferior y me mira de soslayo—. Hemos compartido el
lecho, como padre y tú, y ha penetrado en mi cuerpo con su miembro erecto. Al
principio me ha dolido, madre, pero luego también he gozado. Fue una emoción
intensa, algo que nunca había sentido.



Abrumada, miro a mi hija con ojos
enternecidos. Me pregunto cómo puede haber tenido esa experiencia con quince
años. Poso mis manos sobre las de Jana, están cálidas.



—Ya eres toda una mujer y nunca
te he escondido cuál será tu futuro en una casa. He visto como miras a tu
primo, en primavera, cuando viene a ayudarnos en el campo. Hace mucho que no os
veis.



—Pero él nunca me había tocado
como lo ha hecho esta noche...



—Los sueños vívidos son augurios,
premoniciones...



—Madre, no ha sido un sueño—
insiste Jana—. Mi primo ha estado esta noche conmigo, y yo con él. No estábamos
en nuestra hoguera del tronco de Yule. Era otro sitio, como un palacio, con
suelos fríos pero brillantes y altas columnas. Más tarde, en un lecho mullido lleno
de cojines y bajo los edredones más cálidos que jamás haya sentido, nos hemos
desnudado. Teníamos un fuego junto a la cama. Él me acariciaba suave y firme
por todo el cuerpo, besándome cada pliegue de mi piel. Pero antes de introducir
su miembro en mi sexo, sus caricias ya me habían penetrado y su lengua
también...



—No sigas, hija. Todas estas
cosas, yo no te las he enseñado— dije admirada con suavidad.



—Ni mi primo me las contó jamás.
Te lo juro.



—Como ya sabes, esta tarde llega
la abuela. Hablaremos con ella, sabrá explicarnos tu vivencia. No les cuentes
nada a tus hermanos, por ahora.



Me besa y feliz sube a su
habitación para arreglarse. No puedo revelarle que yo también tengo esos
sueños. Se lo dirá su abuela, a mí no me creería.



 



Comentarios
  • 1 comentario
  • Not Today darkman @Farran hace 25 días

    Lo siento, pero que un evaluador exponga problemas personales sobre el sexo entre primos, no le permite ser ecuánime para valorar en serio, y su puntuación merece ser revisada. Por otra parte, creo que si le ha causado rechazo el relato por eso, y por la relación que explico entre primos, quiere decir que está bien el relato. Hacer sentir algo es positivo, su suspenso es casual y banal. Creo también que sus prejuicios le deberían plantear su motivación escritora, si una ficción le escandaliza, creo que preferiría no leer sus relatos.


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