—¡Joder, que calor! —exclamó Rollo, secándose las gotas de sudor que le caían de la frente.

—No te quejes y sigue trabajando. —Su madre era dura, pero siempre velaba por el bien de todo el mundo, y en el fondo, sabía que ahora tocaba trabajar.

Bajo el sol abrasador, la familia del joven Rollo trabajaba la extensa parcela para sacarle el máximo rendimiento a esas fértiles tierras. Cerca, el poblado se levantaba junto a la costa de aguas cristalinas.

—¡Pero hoy empieza el Yule! ¿No podemos acabar un poco antes? —A sus 9 años de edad, lo único que quería era jugar y pasarlo bien, con los grandes festines que se celebraban en todo el pueblo en esas fechas.

Pese ser la época del Yule, el ambiente era cálido, y el sol se mantenía en el cielo hasta mucho más tarde de lo que sus antepasados decían de esa época del año. Así que al ver que el cielo ya empezaba a anaranjarse, Elin, la madre de Rollo, dejó al pobre chico descansar y poder ir a bañarse a la playa con sus amigos, pero con la condición de que volviera para la cena familiar.

—¿Creéis que la cabra de Yule bajará este año tan al sur? —Siempre fantaseaban él y sus amigos acerca de los regalos que les podría traer la cabra de Thor.

—Siempre lo hace... —contestó uno de sus amigos, el más listillo de todos ellos—. Los padres de nuestros abuelos se aseguraron de ello cuando llegaron aquí en busca de un nuevo hogar... Me lo contó mi madre.

—Además, con el sacrifico que haremos al dios del trueno ya te aseguras de sus regalos —Saltó de entre las aguas una de sus amigas—. Así que no os preocupéis chicos, mi padre lo tiene todo controlado —concluyó con una sonrisa, pues su padre era el sacerdote del poblado, encargándose siempre de este tipo de tareas.

Los niños jugaron con el agua cristalina y la arena blanca hasta que el sol se puso más allá del poblado, dejando el mundo en la penumbra. Sus padres y madres los llamaron para cenar, eran fechas de estar en familia. Bajo el árbol Yggdrasil comieron todos juntos, recordando a su abuelo, que murió ese mismo año debido a una enfermedad del agua. Rollo y su hermano mayor se fueron a dormir temprano. Impacientes por la llegada de la cabra del dios de trueno.

En su sueño, Rollo salió de su cuerpo. Se levantó por encima de las casitas del poblado y empezó a viajar hacia el norte, resiguiendo misteriosas costas. A medida que avanzaba, el ambiente se volvía más y más frío. Hasta que llegó a tierras completamente heladas, y solo pudo viajar al este, divisando las tierras de sus antepasados. Y por encima de montañas y fiordos, volando como por arte de magia, pudo ver la figura misteriosa que surcaba los cielos. Acercándose en su vuelo onírico pudo distinguirla bien: era una enorme cabra, cargada de paquetes. 

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