Ingrid respiró hondo y agarró con fuerza el plato para evitar que las manos le temblaran. No era que dudase de sus aptitudes culinarias. Todos los años se encargaba de preparar el tronco de Yule y su familia siempre se había deshecho en elogios hacia ella. Sin embargo, aquella vez iba a ser diferente: lo que tenía que comunicarles supondría un gran disgusto para ellos y no estaba segura de que incluso el más exquisito de los dulces fuese capaz de suavizar el golpe.

Armándose de valor, se lanzó hacia delante y entró con paso firme en el comedor. La estancia, cálida y bulliciosa, estaba presidida por el gran árbol de Yule, decorado con esferas de brillantes colores que representaban los Nueve Mundos. Sobre la chimenea, la cabra de paja que sus primos habían trenzado con esmero parecía sonreírle, como si se burlara de su nerviosismo.

Todos recibieron a Ingrid con júbilo. Unos cuantos apuraron sus jarras de cerveza o se apresuraron a engullir los restos de jamón que aún quedaban en sus platos. La única que no parecía compartir su entusiasmo era la bisabuela Thora, que rezongó:

—Un tronco dulce, ¡menuda tontería! En mis tiempos, la gente traía auténticos troncos del bosque y los veíamos arder en la hoguera hasta el amanecer. Sus cenizas eran el mejor alimento para nuestros campos. Ahora las verduras no saben a nada.

El fuego ardía con fuerza en la chimenea y la conversación se fue convirtiendo en un murmullo de fondo. Ingrid había pasado la noche anterior en vela, pensando en cuál sería el mejor modo de explicarles a sus parientes el porqué del nuevo rumbo que iba a tomar su vida. «Puede que este no sea el mejor momento» meditó, soñolienta. mientras cruzaba los brazos sobre la mesa y apoyaba la cabeza en ellos. «Tal vez debería esperar al verano… por si me echan de casa».

—¿De qué tienes miedo, hija mía? —dijo una voz.

Había un hombre sentado a su lado. Un hombre al que no había visto en su vida y al que, sin embargo, conocía.

—Tengo miedo de que me rechacen. De que les parta el corazón.

—Tus familia te ama y siempre te amará. Debes honrarlos y respetarlos, pero también debes ser fiel a ti misma y a la verdad que has hallado en tu corazón.

Ingrid notó cómo las lágrimas resbalaban por sus mejillas, dejando estelas de sal sobre su piel. Aquel hombre las recogió con cuidado y le sonrió.

—No te preocupes, yo estaré contigo. Siempre estoy contigo.

Ingrid se despertó de golpe. Su hermana la zarandeaba del hombro. La fiesta había terminado. Miró a su alrededor y vio a sus padres recogiendo la mesa y a sus tíos y primos poniéndose los abrigos para marcharse.

—Esperad —exclamó y todos se volvieron hacia ella—. Hay algo que quiero deciros… algo que no puede esperar. Yo… —contuvo la respiración. Sus parientes la miraban entre sorprendidos y preocupados— he decidido convertirme al cristianismo.

Comentarios
  • 7 comentarios
  • Midyakri @Midyakri hace 1 mes

    ¡Muy buen relato! Un puesto merecido el tuyo. Mis enhorabuenas.
    Solo una duda, ¿por qué genero ciencia ficción?

  • Raquel Valle @ValleS hace 1 mes

    Qué giro final!! Enhorabuena, súper original y bien llevado :)

  • Merecidísimo primer puesto! Suscribo a Raquel: qué giro final. Hasta se me ha escapado una carcajada de la sorpresa :)

  • Arachne81 @Arachne81 hace 1 mes

    No me he esperaba para nada ese giro final :O ¡Enhorabuena por ese puestazo merecido!

  • María @merodeador92 hace 1 mes

    ¡Muchas gracias a todos! :)

  • María @merodeador92 hace 1 mes

    Respecto al género del relato, la verdad es que no sabía qué poner, porque mi idea inicial era que se desarrollase en la actualidad, pero de una realidad alternativa en la que la religión nórdica es la mayoritaria. El problema es que, por falta de tiempo y de espacio, no logré reflejarlo bien en el relato.

  • ¡Muy original el desenlace!


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