Azar corre descalza sobre piedras y ramas que quedan en sangrentadas tras su paso. Desde que despertó en las ruinas de su casa había huido. Notaba en cada zancada el dolor, la piel desgarrada sobre antiguas cicatrices que no recordaba. Necesitaba avanzar, escapar sin recordar bien de qué o de quién.

Una intersección, derecha, otra intersección, derecha. Siempre derecha, Azar había escogido bien toda la vida. Ese era su don, dejarse llevar. En otra vida muchos le habían considerado un vástago de Loki, pero no era así, ella solo era una faceta que en ocasiones tomaba forma; Caos, Azar, Mentira, Intriga. Todas las caras de Loki se liberaron en Yule, el día que él fue encerrado hasta el Ragnarok, la última batalla.

¿Lo hicieron?

Azar mira tras de sí, sin frenar, y busca, desesperada, en su mente algún recuerdo de su emancipación. Los Dioses castigaron a Loki, le encadenaron bajo el veneno de una serpiente, ¿acaso dejaron marchar parte de él? No. No lo hicieron. Nunca permitirían algo así. Aprieta el paso, conocedora de la verdad y ve cómo frente a ella una joven se despierta en unas ruinas con cicatrices en los pies y locura en los ojos. Debe huir, escapar, sin saberlo, de su propio yo consciente.

Se sabe entonces atrapada en una eternidad irreal de persecución en la que intenta obligarse a parar. Valora las opciones; una moneda cae en su mente, si se detiene nunca será alcanzada, el círculo se hará más grande; si corre no se dará alcance, todo volverá a empezar. No. La moneda en su cabeza cae de canto y, en la última intersección, sonríe y gira a la izquierda.

Azar camina descalza por las calles de un Madrid casi desierto. Se deja llevar por las luces y los abetos que le indican que sigue siendo Yule aunque huela a cordero en vez de cabra. ¿Cuánto tiempo lleva dormida? Asombrada contempla los enormes edificios y las personas con el rostro cubierto. No avanza sin rumbo, ni sabe dónde va, y, sin embargo, llega hasta una posada moderna. Allí, su otro yo, Caos, señala una silla vacía y le ofrece una cerveza fría.

—Has tardado dos mil años.

—¿Y tú? —pregunta, acallando el horror de los siglos perdidos.

—Yo desperté en el Yule de dos mil diecinueve. —Señala a su alrededor—. Espero no haber pasado desapercibido.

—Nace el veintiuno, entonces —afirma, más para sí misma que para él.

—¿El año del Ragnarok?

—Puede. —Escudriña presente y futuro y sonríe—. Este año va a ser digno de vivir, el fin de los días depende de la humanidad.

—Yo les ayudo.

Caos alza su jarra, seguro de sí mismo asusta al camarero que tropieza con las luces de la mal llamada “Navidad” y derrama el vino sobre una mujer que, sin su mascarilla, hace aspavientos por doquier. Azar salva a algunos de la enfermedad, a otros no.

 Ella no es una mala diosa, mas, guiados por Mentira, muchos la culparán para no culparse.

Comentarios
  • 3 comentarios
  • Raquel Valle @ValleS hace 1 mes

    Menudo ritmo la primera mitad del relato, increíble. Y la vuelta de tuerca con los años y las facetas de Loki me ha parecido una idea genial. Enhorabuena!

  • Un concepto genial con personajes súper originales. Y vaya última frase!

  • Laura_M_A @Laura_M_A hace 1 mes

    Muy original, me ha encantado sobre todo la ambientación final


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