De nuevo, la negrura me envuelve.
Te espero como hace tiempo que no lo hago. Salbatanu casi ha completado una revolución a nuestro sol desde la última vez que faltaste a la cita. Me concentro en los colores: a veces veo algún rojo o azul, y de tanto en tanto, percibo ciertos matices morados. No quiero preguntarme por qué no estás; estoy segure de que en esta ocasión también volverás. La última vez estuviste atrapade en un ritual de tu mundo: cuando uno de los tuyos abandona la vida tenéis que estar despiertos hasta que los dos soles vuelvan a ser visibles al mismo tiempo. Para distraerme, evoco las imágenes del sistema binario que habitas. Fue lo primero que vi cuando nos conocimos, cuando disolviste la oscuridad que me ahogaba: un sol amarillo y el otro naranja. Luego, me envolvió el color de la vida de tu planeta. Nunca había visto tanto verde como en aquel primer recuerdo que compartiste conmigo.
Antes de que me encontraras, dormir era una experiencia llena de terror. En ocasiones me cruzaba con la imagen borrosa de otros seres, pero nunca conseguía comunicarme con ellos. Mi alma flotaba en medio del universo y la soledad me consumía. Cuando por fin conseguía despertar, la sensación de vacío tardaba en abandonar mi pecho, si es que conseguía quitármela de encima.
No sé cuánto tardarás en volver, aunque ten por seguro que no dejaré de esperarte. Cuando nuestros caminos se juntaron por primera vez, supe que la súplica que lanzaba cada noche había sido escuchada. No eras una figura apagada como las otras, sino una presencia colorida y brillante. Tú también me viste y te acercaste a mí; comprendiste que había estado perdida y aterrada. Te quedaste conmigo y compartiste algunos recuerdos para intentar que me sintiera segure. Aquel fue el primer día en mucho tiempo que desperté en Salbatanu —el planeta rojo, como tú lo llamas— y pude sonreír. Desde entonces, mi proyección astral sabe que llegará a tu lado cuando me vaya a dormir, aunque tengamos que faltar a la cita algunas veces.
Te dedico todos mis pensamientos para acallar aquella voz que me dice que tu cuerpo está a varias galaxias del mío. Te sigo hablando, porque no quiero que me diga que, si no vas a poder volver, no tienes manera de comunicármelo. Pienso en todo el tiempo que hemos pasado juntos, en todas las ocasiones que nos hemos encontrado guiados por pasillos de luz que nos susurraban a dónde ir. Ya hace más de tres revoluciones a mi sol desde aquella noche en la que nos conocimos. Desde entonces, hemos compartido secretos, inquietudes y deseos. Hemos crecido juntes. El sueño ya no es un castigo, sino un portal que me lleva a tu lado.
Te hablo hasta que siento tu presencia. Una vez más, has vuelto y traes contigo todos los colores del universo.
De fondo, una explosión de supernova se hace eco de lo que me haces sentir.

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