En los lugares más recónditos de del cuadrante X-23 de la galaxia Maotse, orbitando la enana roja conocida como Leviaton, podemos encontrar el planetoide LV-526; hogar de los Humbugurios, o como los conocen los colonos de este, Ranoides.

Los Ranoides son una especie autóctona dominante de LV-526, llamados así a causa de su obvio parecido con las ranas terrestres. Por lo general los colonos pasan olímpicamente de ellos, considerándolos una especie inferior, nada avanzada, y sin un ápice de inteligencia. Se les suele ver dando pequeños saltitos de un lado a otro por la superficie del planetoide, alargando sus lenguas para comer pequeños insectos y poco más, aunque si uno dedicara un mínimo de tiempo a observarlos podría ver que son mucho más interesante de lo que parecen a simple vista.

Observemos, por ejemplo, a este espécimen, Hum-grubgrub, lo que se podría llamar un macho de su especie, a causa de la fisionomía de sus gónadas, y las características de sus células reproductivas. Grubi, para los amigos, da sus típicos saltitos mañaneros en busca de algo que picar. Después de un reposo nocturno de 23 horas su cuerpo necesita nutrirse. Dando saltos de una roca a otra, sus dos ojos izquierdos se desvían para observar el imponente cuerpo (des de su punto de vista) de Bugru, una hembra, con la que se ha encontrado ya varias veces, pero nunca durante la época de apareamiento: este es su momento.

Desviando su salto y aterrizando a su lado. Croa, diciendo el equivalente a «¿Cómo va eso?» en humbugurio. Bugru lo mira de lado a lado y se gira, dando un salto en dirección opuesta. La boca de Grubi hace lo que nosotros llamaríamos una sonrisa, y salta detrás de la hembra; el ritual ha empezado. Croando y croando, entre salto y salto, Bugru acepta ir a comer con el macho.

Ese mismo día, al atardecer (48 horas más tarde), Grubi lleva a Bugru al restaurante ranoide más lujoso de toda la ciudad, justo en el centro de la rica y subacuática Humbugropolis, donde te sueltan el insecto en la misma mesa para que no tengas que esforzarte al atraparlo. Ambos lo pasan en grande, ríen y comen, comparten anécdotas y una chispa surge entre ellos. Y al ponerse el sol, macho y hembra acaban haciendo el resopón a la morada de Grubi. Donde, por fin, el acto de la fecundación es llevado a cabo. Miles de células reproductivas femeninas son fertilizadas por las masculinas, dando lugar a miles de ovoides de humbugrios.

Dos días más tarde, ambos deciden casarse (o el equivalente ranoide a una boda), junto con amigos y familiares. Una velada preciosamente humburgia. Y al cabo de no mucho tiempo, son bendecidos con miles de renacuajos que camparan las grandes extensiones de LV-526. Grubi y Bugru pasan el resto de sus días descansando tranquilamente en una casa en el campo.

Siendo, así, observados por los colonos, completamente ignorantes a los acontecimientos que transcurren a su alrededor. Fascinante, ¿verdad?

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