—Culparse por amar, es como culparse por respirar.

—El amor fue causa de dolor en algunas especies.

—Tanto que decidieron suprimir tales pulsiones.

—Es difícil comprender cómo anclaron procesos fisiológicos elementales a retóricas en verso y rituales de cortejo dramáticos. Si complicas algo como el amor, el margen de frustración aumenta significativamente.

—Tanto como para descartarlo del proceso evolutivo.

—Tu capacidad de síntesis hace que mis niveles de serotonina bullan como si sus recaptadores estuviesen inhibidos. Es muy estimulante.

—De estar basado en carbono, mi adrenalina se dispararía. Mis proximetrios bullen en vapores bioluminiscentes solo por tus palabras.

—Del mismo modo percibo las tuyas.

Se hizo el silencio. Era evidente que no podían esperar más para verse. Recorrer tres mil años luz para conocer la forma física de alguien, supone un viaje largo, una espera aún más larga. Una conversación casi infinita si haces el cómputo en vueltas completas dadas alrededor de una estrella por un planeta enano.

Hacía mucho que la tecnología había desbancado a la biología. La ingeniería genética era la madre de todo ser. Cualquier genoma podía ser combinado para crear un ser nuevo. No importaba el sexo de los progenitores, la especie, ni el número. Cada combinación, una criatura única. Pronto la diversidad de la población fue, literalmente, infinita. No solo estructuralmente, sino intelectualmente, espiritualmente. La infinidad de influencias, conocimientos y variantes que podían modelar una existencia, no tenían fin.

Que dos mentes afines se topasen, era casi imposible. Que lograsen seducirse una a la otra: un milagro. El universo ofrecía posibilidades infinitas, invertir tiempo en explorar una sola criatura, era limitar absurdamente la existencia. Pero allí estaba ellos, cruzando galaxias por conocerse, descubrirse. Viviendo sendas epopeyas inenarrables por encontrarse. (Si tuviese una vida suficientemente longeva, mostraría la magnitud de sus viajes, la determinación de su fascinación por el otro. Pero dada mi biología, apenas dará para medio millar de palabras).

Sus retransmisiones psíquicas se habían topado por accidente. Sumergiéndoles en una conversación irrepetible desde dos regiones opuestas de la existencia. Es difícil darse a conocer cuando todo tu sistema es indescriptible para el otro. Aún más difícil compartir tu experiencia única, ser comprendido. Imposible hallar con quien continuar el camino iniciado. Pero lo habían logrado. No habían dudado por ello en hacer lo impensable, cruzar el universo. Y cuanto más se acercaban, mejor se entendían. Se percibían. Habían invertido los últimos cientos de años preparándose para aquel encuentro orgánico.

Al fin las coordenadas fueron exactas. Los cálculos indicaban que allí estaban. Frente a frente. Sus cuerpos vibraban haciendo estremecer los tejidos del universo. Temblaban sus consciencias.

Registraron el espacio frente a ellos. Tres mil años luz para conocer a tu alma gemela.

Tan solo les llevó un segundo descubrir que las ondas psíquicas podían filtrarse desde un inalcanzable universo paralelo. Estando tan cerca, y tan lejos, ante ellos solo vieron soledad.

—Seguiré aquí por ti —susurró desde la nada.

Un gas pasó a estado líquido en el opuesto homólogo de la existencia.


Comentarios
  • 3 comentarios
  • Bastante bien defendido, y una analogía muy bonita de las relaciones a distancia.

  • Raquel Valle @ValleS hace 7 meses

    Me tocó evaluar el relato y me reafirmo es que me parece súper bonito y original. Tiene momentos tan delicados... Enhorabuena!

  • Midyakri @Midyakri hace 7 meses

    Existencia. Tu relato es el culmen de los amores imposibles. Me inclino ante el maestro de los giros finales.


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