Decidieron unirse y afrontar juntos el futuro. Un ser de Venus y otro de Marte… ¡No lo permitirían jamás! Pero nadie contó con la diligencia marciana. Ares organizó un encuentro en Deimos. Una supernova masiva produciría una explosión de rayos gamma que impactarían sobre la Tierra desintegrándola y dando lugar al mayor espectáculo visual de alta energía del universo. Preparó todo con mimo, el cesto con comida venusiana, las velas y el futón desde donde ver el acontecimiento.

Afrodita descendió de su nave con pomposidad, moviendo los tentáculos y zarandeando a su vez sus poderosas astas.

Ares la miraba embelesado.

Llegó y se despojó de la preciosa cornamenta. Con leve gesto dejó caer la capa de escamas reflectantes mostrando sus hombros. Después tiró con suavidad de los esmeralda que se desprendieron y dejaron de moverse.

—Son de Rappeneau —dijo Afrodita.

—¡Ah! Pensé que eran reales —musitó Ares.

—No. Son mecánicos, mi amor.

El primer fulgor de rayos gamma llegó. Afrodita quitó la prótesis de sus ojos para poder disfrutar mejor de los efectos visuales de la radiación ionizante.

—¡Ah! Pero, si eres una mantis… —dijo Ares sorprendido.

—Discúlpame. Pensé que la raza no era importante, que lo que importaba era lo que sentíamos.

—Sí, claro, pero deberías haberlo mencionado.

—¿Eres racista?

—No. Pero hay cuestiones en la raza mantis que son… relevantes.

—¿A qué te refieres? —preguntó Afrodita.

—Bueno… ya sabes.

—No. No sé. ¡Háblame claro!

—Pues lo que se dice de las Mantis…

Afrodita giró su cabeza triangular y le miró con sus grandes ojos.

—Lo que existen son muchos prejuicios, pero si no estás conforme lo dejamos aquí.

—No… perdona. Me refería al momento de la cópula…

—¡Lo sabía! ¿En nuestra primera cita piensas en la cópula?

—Bueno… Si practicas el canibalismo sexual me gustaría saberlo.

—Pero eso no se elige. Es algo íntimo. Es parte del éxtasis de mi raza y apenas sucede… en un 30% de las ocasiones.

—No sé —dijo Ares—. Me parece un riesgo… alto.

—Es una muestra de evolución, una estrategia reproductiva —dijo—. ¿No lo comprendes?

—Comprendo que podría suponer mi muerte…

—No. Serías el ganador en el juego de inmortalizar tus genes. Te digeriría y contribuirías nutricionalmente en la producción de huevos. El objetivo de toda raza es perpetuarse.

—Sigo sin verlo …—dijo Ares.

—Una cópula normal termina en una puesta de 38 huevos. En una con decapitación pueden llegar a unos 88 huevos.

—No sé, amor…

—Cuando hablamos del sentido de nuestras vidas, Ares, ¿no dijimos que se trataba de disfrutar y proyectarse sobre el universo? ¿Cuál será tu legado si no?

En aquel preciso momento, la Tierra explotó provocando una fastuosa ola de radiación multicolor.

—¡Qué bonito! —exclamó Ares.

—Precioso. Fue el origen de nuestros ancestros hoy se cierra un ciclo.

—Es cierto. Al final todas las luces se apagan…

—¡Ven aquí tonto! —dijo acercando a Ares hacia sí y recostándose en la cama—. Tú estate tranquilo que, si noto algo extraño, yo te aviso.


Comentarios
  • 2 comentarios
  • Midyakri @Midyakri hace 1 mes

    «Tú estate tranquilo que, si noto algo extraño, yo te aviso». Y yo me voy a seguir riendo un rato más. ¡Genial!

  • Raquel Valle @ValleS hace 1 mes

    Me ha parecido un relato súper divertido, de los que se disfrutan y te roban una sonrisa. Enhorabuena!


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