¿Cuándo me enamoré de ti?, preguntas. Lo recuerdo perfectamente. Había sufrido un accidente y mi nave llevaba flotando a la deriva muchos meses. Años, quizá. Realmente no hay forma de medir el paso del tiempo aquí arriba. La rutina es lo único que me mantenía cuerdo y había abandonado toda esperanza de poder contactar con los míos.

Entonces tu mensaje llegó. Sutil, discreto, camuflado en un mar de ruido blanco, pero inequívocamente inteligente. Hablabas de tu hogar, de los ríos de mercurio, las montañas de pirita y las tormentas de ácido sulfúrico. De cómo anhelabas viajar a las estrellas y descubrir los secretos del universo. Te preguntabas si alguien ahí fuera estaría escuchando. Si acudiría a la llamada. Si querría compartir ese viaje contigo.

Fue en ese momento cuando pasó. Nunca había escuchado unas palabras tan sinceras, tan inocentes y llenas de pasión. Caí rendido. La esperanza llenó mi cuerpo de energía y mi mente de ganas de vivir. Te respondí que lamentablemente nunca podría llegar junto a ti; la distancia que nos separaba era sencillamente inabarcable. Sin embargo, te hablé de planetas helados, de agujeros negros supermasivos y supernovas gigantes. De todo aquello que había visto en mi larga vida de exploración espacial, y también de aquello que nunca había visto, pero había imaginado.

Ese fue el comienzo de la mejor historia de amor a la que pude haber aspirado. Redefinimos juntos el concepto de relación a distancia. Fuimos la prueba viviente de que el afecto no entiende de mundos, ni de especies ni de años luz que nos separen. Fuiste la razón de que yo, solo y abandonado en la negrura insondable del espacio exterior, me sintiera acompañado.

Ha pasado mucho tiempo desde entonces y siento que mis días se apagan. Mi especie es longeva, pero calculo que para cuando este mensaje llegue a tu planeta y la respuesta alcance mi nave de nuevo, yo ya no existiré. No te preocupes, no hay razón para estar triste. Somos polvo de estrellas. Estuvimos juntos una vez en la singularidad, en el comienzo de los tiempos, y guardo la esperanza de que volveremos a estarlo. Dentro de mucho, cuando la entropía llegue a su máximo y la flecha del tiempo se revierta, en el último confín del espacio y del tiempo, volveremos a encontrarnos.

Hasta siempre, compañero.


Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar