¿Cómo? ¿Por qué? Era cierto que los humanos apenas hacía diez años que se habían unido a la Coalición Intergaláctica de los Buenos Amigos y que él sólo llevaba un par de semanas en la estación, pero jamás creyó ver eso.

 La primera vez que los vio creyó que estaban a punto de pelearse, así que se dirigió hacia ellos para intervenir y evitar que causasen un conflicto en el bar. Él camarero lo había cogido en volandas antes de que pudiese llegar, y como buen camarero de una estación interespacial, le había explicado en un inglés chapucero que esas dos cosas eran pareja.

 Desde ese día, todos los días se sentaba en una mesa apartada para observarlos. Para intentar entender cómo dos criaturas tan sumamente diferentes podían estar en una relación.

 Como el primer Antropólogo enviado a la estación de la C.I.B.A, se consideraba una persona de mente abierta, las relaciones interpersonales era un básico en su profesión, por lo que más que aversión por esa pareja, la sentía hacia si mismo por no entenderla.

 Uno de los seres era una masa verde, sin una forma definida pues su cuerpo se adaptaba a la situación en la que se encontraba. Autóctono de Mupzikor, estos llevaban mucho tiempo formando parte de la C.I.B.A, no porque su especie tuviese la suficiente inteligencia como para haberse puesto en contacto con ellos, sino porque su planeta se encontraba en un lugar de paso.

 El otro ser era una Inteligencia Artificial de Qirgilosh III, un planeta árido en el que las condiciones y los monstruos los habían hecho avanzar tecnológica y militarmente. Era extraño que una de sus IA estuviese en la C.I.B.A, ya que eran una raza bélica que rara vez se relacionaba con otros planetas.

 Se había comprado un traductor universal, así que ese día, se sentó en su mesa habitual, se puso los cascos y empezó a escucharlos.

—¿Entonces conseguiste resolver ese problema del trabajo? —el Qirgiloshiano se comunicaba en un perfecto Mupzikores, no era de extrañar, pues las IA tenían una capacidad de aprendizaje inmensa—. El otro día parecías preocupado.

—Si, está todo resuelto, se había traspapelado uno de los documentos, solo hubo que volver a solicitárselo al cliente.

—Me alegro de que se haya resuelto —dijo mientras estiraba su brazo mecánico y tocaba la mano del Mupzikorde—. Por cierto ¿Sabes qué día es hoy?

—¿Cómo podría olvidarlo? —contestó el ser verde después de lo que parecía una risita—. Hoy es nuestro veinteavo aniversario.

—Y decían que no íbamos a durar.

—Bueno, es verdad que somos muy diferentes.

—¿Y eso que importa? —dijo mientras se llevaba el brazo del Mupzikorde a la cara en lo que parecía una muestra de cariño—. Lo importante es que te quiero.

—Yo también te quiero.

Apagó el traductor mientras daba un trago a la cerveza. Lo importante no era por qué se querían, si no que se querían. Ahora se sentía idiota.


Comentarios
  • 0 comentarios

Tienes que estar registrado para poder comentar