Ikh’a-mu y Jhok-du son dos jóvenes cadetes espaciales del sistema solar de Leek, nombrado así por su planeta capital, Leek. Tras un lustro de preparación en la academia, su promoción de cadetes espaciales, se graduó e hicieron parejas de cadetes a los que se le asignó una estación para relevar a los actuales vigilantes. A ellas les tocó la famosa estación Zylo, La última estrella, nombrada así por ser la más distante al sistema.

Ambas se adentraron en el criosueño para el viaje y dejaron que su pequeña nave de transporte las llevase a su estación. El trayecto fue largo, pero pacífico. Conforme llegaron, dos leekans las despertaron y guiaron al interior de la estación justo antes de partir en el mismo transporte ligero de tropas.

—Mira Ihk’a —dijo Jhok-du observando por la ventana de la estación, aun recuperándose de la criogenización — El más allá de Zylo.

—¿Qué crees que hay? —preguntó mientras flotaba lentamente hacia su compañera geaxiana.

— Nada —contestó apartándose para que su compañera se pudiese poner también —. No hay nada, vacío.

—Eso es imposible —negó con su cabeza escamada Jhok-du —. ¿Para qué si no querríamos la estación Zylo?

—A lo mejor solo está para vigilar —abrió sus brazos mostrando sus espinas Ikh’a-mu en gesto de duda.

—Espera —rio su compañera mientras se dejaba flotar hacia el centro de la sala principal de la estación— me estás diciendo que tenemos miles de estaciones que se dedican a la captación de información y vigilancia. Pero esta, La última estrella, solo está para vigilar.

Ikh’a-mu sonrió asintiendo mientras se iba hacia la sala contigua, la reserva de alimento. Todo lo que había eran bloques compactos de una masa blanda de diferentes colores.

—Vamos Ikh’a —se quejó su compañera mientras flotaba detrás —no puedes hablar en serio, ¿de verdad piensas que estamos aquí para vigilar la nada?

—Yo creo que —comenzó a razonar Ikh’a-mu ante las dudas de Jhok-du mientras se comía a bocados un bloque ocre— si esta estación fuese de investigación, sería estúpida, no se puede investigar el vacío —ofreció un bloque de comida a su compañera, la cual aceptó sonriente la comida —donde no hay nada, no hay nada.

—¿Y vigilar la nada? —preguntó confiada creyendo que había pillado a su compañera —. ¿eso sí es útil?

—Bueno —empujó hacia la puerta a Jhok-du tranquilamente mientras ella también se adentraba —¿y si aparece un ejército de alienígenas devora galaxias desde la nada?

—Entonces ya no es nada —sonrió acercándose a los mandos de la estación para enviar el mensaje de que habían llegado correctamente —aceptas que hay algo.

—¿Entre nosotras? —la abrazó por detrás mientras le daba un bocado al bloque de comida de su compañera —obvio.

—Idiota —rio tontamente Jhok-du mientras miraba hacia los ojos de su pareja —no me cambies de tema.

Ikh’a-mu le sacó su lengua bífida a Jhok-du mientras flotaba hacia la sala de terminales para terminar la rutina de llegada de nuevos vigilantes a la estación.



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