Ella es Ouka, pertenece a la raza de los Orionitas y vive en el Sexto planeta de la Confederación Galáctica del Este:

Dicen que cada vez que nacemos nos encontramos con las mismas almas y que pasamos toda la eternidad de nuestras efímeras y sucesivas existencias caminando al lado de ellas. Esa idea me dio quebraderos de cabeza durante mucho tiempo. Mis desvelos pararon cuando lo conocí. Fue amor a primera vista. Algo impensable para una mente eminentemente práctica como la mía. Sin embargo, jamás había estado tan segura de algo a pesar de que el universo confabule para separarnos. Diferente raza, diferente lugar de procedencia, diferentes leyes. Todo ello nos impide tener una vida juntos.

………….

Él es Hari, de la raza de los Anurakis, vive en el octavo planeta de la Confederación Galáctica del Oeste:

Dicen que el amor es ciego y estoy seguro de que eso pensarían mis colegas si pudieran ver a mi chica. Misteriosa, la llaman, porque nunca les he dado los detalles que me piden acerca de ella. Jamás podrán conocerla. Está prohibido. Supongo que formamos una extraña pareja pero eso es lo de menos. Lo realmente importante es lo que tenemos aquí dentro en el pecho, dos corazones que laten al unísono. Y la prohibición acrecienta el deseo.

…………….

—¿Dónde se encuentran ahora?

—Los tenemos vigilados si es lo que pregunta, señor.

—No toleraré ni una deserción más ¿lo sabe, verdad? Los sucesos del pasado no pueden volver a repetirse. La desobediencia tendrá fatales consecuencias.

El Jefe de Vigilancia Inter-Galáctica asintió y se cuadró ante su superior. Casi podía poner la mano en el fuego por el chico. Lo conocía desde niño. Siempre había sido un muchacho ejemplar, uno de esos que observaba todas las normas impuestas sin cuestionarlas siquiera. Hari no le daría ningún problema, tenía los pies bien puestos en el suelo. Sin embargo la transcripción de los pensamientos de ambos que acababan de leer, resultaba un poco inquietante. El porcentaje de deserción se colocaba en el ochenta y cinco sobre cien. Estarían alerta.

Cuando las alarmas saltaron, el dispositivo de seguridad se activó de inmediato. Sin embargo no contaron con que algo tan desfasado como el amor, pudiera tener mil recursos para burlar cualquier medio de vigilancia. Ouka y Hari no estaban en sus respectivos planetas. Habían dejado sendos señuelos y éstos habían cumplido su misión a las mil maravillas. A esas horas, podían estar en el confín del universo explorado. Era terrible que tantos jóvenes prometedores se dejaran tentar por los sentimientos, algo abolido hacía milenios.

El Jefe de Vigilancia Inter-Galáctica se maldijo. Ahora tendría que dar cuentas a sus superiores y sabía cuál era el castigo: lo dejarían a la deriva en el espacio profundo. Sus posibilidades para sobrevivir iban a ser escasas, a no ser que…

Se uniría a los rebeldes del amor y pasaría a la quinta dimensión, donde los cuerpos físicos dejaban de importar.


Comentarios
  • 4 comentarios
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    La idea es interesante pero el final parece demasiado improvisado.

  • ELEEA B @eleea hace 1 mes

    Gracias por lo de interesante. En cuanto a la improvisación, pretendía darle un golpe de efecto pero quizá no supe hacerlo bien.

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 16 días

    @eleeaTiene frases muy buenas "Lo realmente importante es lo que tenemos aquí dentro en el pecho, dos corazones que laten al unísono. Y la prohibición acrecienta el deseo."
    Me despista del final lo de la quinta dimensión, ¿a qué te referías en la historia?

  • ELEEA B @eleea hace 13 días

    Una dimensión donde los cuerpos físicos no existen como tales y por tanto, la prohibición desaparece y pueden amarse sin problemas. La quinta dimensión es el siguiente grado de evolución en la escala evolutiva espiritual. A eso me refería y ahora me doy cuenta de la improvisación final que decías.


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