Al ver la cabeza rodar por la explanada del gran palacio, no se sintió mejor. Había esperado tanto tiempo para estar frente a un goblin como él para arrebatarle la vida de la misma forma en que miles de ellos se la han quitado a millones como ella, pero lo único que sintió fue más rabia. La sangre escurría por las escaleras tal como sus lágrimas alguna vez cayeron por sus mejillas. Sus hermanas no volverían, hiciera lo que hiciera. Entonces, ¿por qué no acabar con todo de una vez? Corrió al ritmo de los truenos vestida con la furia en su mirada adornada con sus cuernos enrojecidos y blandiendo su espada. Quedaban pocas de su especie y estaba segura de que todas se le unirían cuando la vieran. Pero no fue así. Miles de grifas corrían despavoridas y, tras ellas, miles de goblins. Muina corrió enseguida a su rescate y atravesó el corazón de un goblin manteniendo la mirada alerta, lista para contestar un contraataque. Pero el combate nunca llegó. A nadie le importó su revuelta ni la muerte de aquel goblin porque huían de algo mucho más grande. A la lejanía se vislumbraba un oleaje grisáceo y cuando apenas se dió cuenta de lo que se trataba los causantes de aquel terror ya estaban justo frente a ella.

Eran unas ratas tan grandes como un niño . Aniquilaban a cualquiera con tan solo colocar sus patas sobre su pecho. La grifa no lo dudó y comenzó a tajar cada una de las patas que se le cruzaban en frente. Se empapaba de la lluvia de sangre morada y a veces verde que las ratas expulsaban y adornaban su lucha de color saciando más su fascinación por la batalla. Al darse cuenta de que una multitud comenzaba a acercarse, decidió subir las escaleras de donde había venido, de donde antes había visto la cabeza rodar, para analizar sus tácticas de ataque en el terreno. Observó la masacre de la que ella había querido ser acreedora. Sus compatriotas caían desfallecidos uno a uno. Etvualá se desintegraba. Ahí lo entendió. No. No dejaría que su mundo se acabara de esa manera.

Auxilió a un goblin rebanando a las ratas que lo acorralaban y en cuanto éste estuvo a salvo le agradeció con una mirada que a Muina no le provocó nada más que asco y respondiéndole con una sonrisa le enterró su espada justo en el corazón dejando caer al cadáver justo delante de su cuerpo inmutable. Escuchó gritos de piedad y enseguida fue a socorrer a la grifa que se entregaba a las ratas. Cortó los asquerosos cuerpos níveos que derramaron una lluvia de líquido morado, le estrechó la mano a su compatriota y dijo: "Venga, no dejaremos que unas putas ratas acaben con nuestro mundo antes de que nosotros acabemos con el puto mundo de nuestros asesinos".

Comentarios
  • 1 comentario
  • Àïda Roans @aidaroans23 hace 12 días

    Hola! Soy quien te comentó que no sabia que ser fantastico eran las grifas. Queria preguntarte, por curiosidad, porque has asignado un genero a los grifos y ademas los has hecho todos hembras y muy humanoides. Porque, nose, yo siempre he tenido a los grifos como, grifos macho y grifos hembra, pero sin mucha distincion de generos y cuadrupedos, muy animales, no tan civilizados y bipedos, con armas y tal... en fin, como has llegado a esto? Tengo curiosidad.


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