Desde que le he pasado el skooma a mi cliente están detrás de mí. Son una dunmer y un argoniano. ¡Pobres cretinos!, creen que no me he dado cuenta de que me siguen. Deambulo tranquilo, hace años que Riften es mi hogar, conozco cada recoveco de la ciudad.

Se separan para doblar las posibilidades de pillarme desprevenido. Guío a la dunmer hacia los muelles que suelen estar vacíos y, en cuanto tengo la oportunidad, desenvaino mi espada y arremeto contra ella. Saca su daga y me ataca con ferocidad.

Durante los primeros minutos me dedico a sortear sus embestidas. Es tan rápida que no puedo evitar que de vez en cuando me alcance con su hoja. El escozor de los cortes aumenta mi adrenalina. Ha empezado fuerte, a este ritmo no tardará en agotarse. Ahí es donde tengo ventaja: mi anatomía felina me hace muy resistente. En cuanto empiezo a advertir indicios de fatiga me lanzo a la ofensiva. Ataco sin piedad. Ella esquiva mis embates a duras penas. Está extenuada y por eso me confío. Grave error, en un descuido me golpea el brazo con todas sus fuerzas y mi espada vuela a unos metros de nosotros. Me arroja contra la pared y siento su daga en el cuello. ¡Maldita sea!, estoy perdido.

—¿Dónde tienes el skooma, gato? —Presiona con fuerza el filo en mi garganta y percibo como la sangre empapa el pelaje de mi cuello. Le miro sin miedo. Estoy herido y exhausto, pero mis ojos amarillos brillan desafiantes.

—Vas a tener que matarme. —Muestro mis afilados colmillos en una sonrisa burlona. Retira la daga de mi cara y, con un movimiento rápido, me la clava en un costado. Suelto un gruñido mientras la retuerce en mis entrañas y la saca con dureza. Duele, pero no aparto la vista de ella.

Me da un empujón y caigo al suelo. Un par de patadas en la herida bastan para mantenerme a raya. Me cuesta respirar, mi sangre empieza a acumularse debajo de mi.

Se baja la capucha y sus orejas puntiagudas quedan libres. Sus ojos rojos contrastan con su pálida piel y su pelo plateado. Mira a su alrededor y da un largo silbido, enseguida aparece el argoniano que dibuja una sonrisa en su rostro de reptil. La dunmer se agacha para rebuscar entre mis ropas.

—El khajiita está limpio —le dice a su compañero.

—¡Imbéciles! ¿No creeríais que llevo mi alijo conmigo? —les gruño con la voz rota.

—¡Cállate! —El argoniano me patea el estómago y me deja sin posibilidad de desobedecer—. Joder, ¿qué hacemos ahora? ¡Este bastardo no tiene la droga!

Está desesperado y comienza a golpearme con furia mientras intento cubrirme como puedo. Lo he visto mil veces, son adictos, necesitan skooma. Ella no tarda en unirse y dejarse llevar. El dolor es insoportable, una neblina oscura se empieza a apoderar de mi cabeza. No tengo miedo, solo rabia.

Más vale que me maten, porque si me dejan vivo no descansaré hasta destruir a esos malditos cerdos.

Comentarios
  • 2 comentarios
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 20 días

    Está genial cómo relatas la acción pero se queda como una escena de una historia.
    De lo que he leído hasta ahora, hay bastantes historias que también se centran totalmente en la acción.
    Es el fanfic de Skyrim XD ¡mirá que le metí horas a ese juego! Tendrías que acabar la historia para saber del final del prota (salvo que sea el final y el no lo sepa)

  • Not Today darkman @Farran hace 8 días

    Coincido en que no cierras la historia, la dejas abierta, pero tal vez ese sea su fin verdadero. Buena narración de la pelea, un grimdark muy consistente.


Tienes que estar registrado para poder comentar