Estaba sentada en un muro de piedra exterior, con todo perfectamente desordenado: hiedra y madreselva trepando por la piedra de olvidada apariencia, estanques vibrantes al son del junco…

La noche calma con silencio los gritos del mundo; luego nos abruma con quietud atronadora. La esencia del jardín inglés es el caos que sume en calma nuestro ser; como la noche. Como madreselva que atenúa la ira.

Dos de sus flores descansaban en mis manos, el frío me erizaba la nuca. Estaba dando una apariencia extraña: rizos rojos recogidos, un vestido antiguo en seda… La gente mutila el mundo, el tiempo corre hacia el desastre.

–¡Preciosa, ven con nosotros! ¡¿Te llevamos a la fiesta?! –dos chicos lejanos disfrazados de romanos chillaban. Crispé los nudillos en odio mudo. Aquel tiempo no era para mí… Suspirando, me comí ambas flores antes de irme.

La violencia no está hecha para una señorita.

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