Cuando la luz del piloto de la cámara se encendió sentí como si me diluyera. La lluvia ya no rozaba mi piel sino que la traspasaba. Por el auricular escuché una voz alejándose de mí que decía “Carola, ¿qué tiempo hace en el centro de Barcelona?”. Sin embargo, ya estaba demasiado perdida en algún lugar del espacio tiempo como para poder contestar. Desaparecí sin más. Aún me pregunto si me buscan o si seré viral en YouTube.

Aparecí en una domus romana, en medio del triclinio, rodeada por una decena de romanos recostados en klynais comiendo y bebiendo. Si hubiera sabido algo más de latín habría podido explicarles cual era mi trabajo y los beneficios que tendrían en sus cosechas contratando a una mujer del tiempo. Para mí desgracia, todo lo que sabía de latín eran las partes de la domus romana. Ahora soy una esclava.

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