Nos sentamos en torno a la mesa dispuestos a degustar las gachas de "la Pacheca". Entonces empecé a relatar:

- Estando capturado en las mazmorras del coliseo y por obra y gracia del Pretor, se me condenó a luchar a muerte con una de las bestias mas fieras y hermosas de toda Hispania, el toro bravo.

Pude, por suerte, arrancar un pedazo de la capa del centurion que me arrojó al ruedo. Y cuando el morlaco me enfiló no tuve por mas que flexionar un poco la pierna derecha y recibirle con una larga cambiada. El toro se giró y se me vino de nuevo. Junté los pies y lancé adelante los brazos, combinando dos verónicas que dejaron helados al respetable.

Fue de tal agrado del gobernador pretoriano lo que allí había acontecido que me perdonó la vida y me anunció con picadores para el Domingo siguiente.

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