Lesi sale por la puerta de su concasa. Como cada día, saluda a Chispas, que está terminando de reparar los paneles solares de ese sector mientras dibuja una rosa azul. Con una gran sonrisa, continúa su camino cuesta abajo, pasando junto a los campos de verduras hidropónicas que cultivan en cada espacio que les cede la roca de la montaña. No es tarea fácil: deben negociar cada centímetro con un mundo que aún se recupera de la Gran Guerra.

—Hoy es el gran día, ¿verdad? —le pregunta tía Emma. Ha hecho una pausa en la escuela al aire libre para saludarle y una avalancha de abrazos con pocos dientes cae sobre él.

—Sí, hoy es el día.

—Estamos muy orgullosos de ti, Lesi. —Se da la vuelta y sigue con la lección.

Poco a poco desciende entre saludos amistosos. No conoció el mundo de Antes pero, por lo que estudió en el colegio, ha cambiado mucho. Todos tienen tareas adaptadas a ellos, que los hacen ser y sentirse útiles para el grupo. Los niños, pilar de la sociedad, aprenden desde muy pequeños los errores que no hay que volver a repetir. También que la simbiosis con la naturaleza es la guía de todas las actuaciones del grupo.

Al fin, llega al pie de la montaña. Allí le está esperando Suru, una simpática joven que le sigue a todas partes. Lleva una túnica decorada con una rosa azul. Pero hoy no podrá ser. Es el día que se convierte en adulto y pasa a ser parte de Ellos. Sonríe a Suru y ella entiende que debe dejarle cuando llegan a la cortina que tapa la entrada a la cueva. No está prohibido entrar pero solo lo hacen los miembros del Círculo, los mayores que miran por el bien de la comunidad. Hoy, él será uno de Ellos.

Dentro, es acompañado a una sala para vestirse y lavarse antes de la ceremonia.

—Recuerda, el bien de la comunidad —le dice un anciano, sonriendo.

Se dirigen entonces hacia una oquedad en la pared, sobre la que hay una rosa grabada. Al pasar al otro lado hay un espacio inmenso, una cúpula dentro de la montaña. Decenas de personas están de pie en círculos concéntricos y, en el medio, hay una gigantesca rosa de color azul que crece en medio de una zona de hierba natural.

—Ella es nosotros y nosotros somos ella —le dice alguien.

—Ella nos ha dado la paz —sigue otro.

Una raíz verde se arrastra hacia él y acaricia su mejilla, pidiendo permiso. Él está desconcertado y aterrado. ¿Esa es su razón de ser? Tiembla. Duda. Llora. Recuerda la simbiosis con el mundo y, por fin, entiende esa lección. Asiente con la cabeza.

La raíz acaricia su nuca con cariño. De pronto se clava con fuerza en la base del cráneo y lo levanta por la cabeza. Él se queda quieto y sonríe, solo con los labios.

Todo está bien.

Comentarios
  • 3 comentarios
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    Podemos suponer que todo es cierto, que la "simbiosis" es la salvación o pensar que todo es mentira y que algún tipo de engendro ha subyugado a la humanidad. Un cuento de terror, digno de ser un capítulo de la "Dimensión desconocida". Genial.

  • Buen relato! Una idea muy original. Parece todo muy lindo y el final te deja sorprendido. Quiero saber qué pasa después!

  • Muchas gracias por vuestros comentarios!


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