Año tras año cruzo con mis alumnos los campos de cultivo de sol y las granjas hidropónicas de Teluria. Nuestro objetivo es la ciudad infinita, aunque siempre hacemos un alto en el camino para que Laura, la encargada de planta de las granjas, les explique su funcionamiento.

Llevo diez inviernos realizando esta excursión como parte del nuevo plan de estudios que entró en vigor con la ley educativa de 2096. La mayor parte de las veces, el resultado no es el esperado y los estudiantes se toman la salida como una forma de perder clase y de aprovechar para hacer todo lo que no pueden hacer delante de sus familias o bajo la atenta mirada de los supervisores.

Los campos de sol solo cosechan algunas miradas de reojo y comentarios por lo bajo. Para esta generación nacida en los albores de las energías súperrenovables, las gigantescas placas giratorias y los depósitos que se alzan como torres forman parte de un bagaje absorbido a fuerza de oír siempre las mismas palabras en boca de políticos y científicos.

La granja hidropónica es otra historia. Laura tiene un don para ganarse sus sonrisas y su aprobación. Los dirige como a una hilera de hormigas por entre los estrechos corredores que limitan los cultivos mientras explica el uso de la lana de roca para el sustrato, de los canales que vertebran el recorrido del agua y de los muchos nutrientes necesarios para el crecimiento de las plantas.

Alguien señala la ausencia de flores entre el entramado de cultivos y el rostro de Laura adquiere un tono calcáreo.

—Cuando comenzó la Era Seca y el mar devoró los campos, algunos hombres y mujeres sabios recogieron semillas y las atesoraron para poder cultivarlas más tarde en campos hidropónicos como este. —Hace un gesto con los brazos para señalar cuanto había a su alrededor—. Pero nadie se acordó de las flores.

Hay tanta tristeza en su voz que, por un instante mínimo y fugaz como el recuerdo siento unas ganas inmensas de abrazarla, pero me contengo a tiempo y sofoco un carraspeo.

—Venga, es hora de seguir —digo, forzándome a apartar la mirada de Laura.

Al abandonar la granja, la tierra seca del páramo nos golpea, se cuela entre nuestros ojos y dificulta nuestro avance. Es tarde cuando llegamos a la ciudad infinita.

Si hasta entonces las reacciones de mis pupilos han sido relativamente escuetas, ahora, sin embargo, me veo rodeada por un precipicio de voces, todas coreando a un tiempo.

—¡Es enorme!

—¡Mirad esas torres! ¿Llegan hasta el cielo, profe?

No contesto. Ni siquiera escucho sus palabras. En mis oídos vuela un zumbido que penetra hasta mis ojos. Allá, frente a mí, en uno de los muros de un viejo cementerio que sobrevive al hambre de los años, ha crecido un rosal trepador. Una sola rosa, diminuta y perfecta, extiende sus pétalos rojos hacia el horizonte.


Comentarios
  • 5 comentarios
  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 1 mes

    " La mayor parte de las veces, el resultado no es el esperado y los estudiantes se toman la salida como una forma de perder clase y de aprovechar para hacer todo lo que no pueden hacer delante de sus familias"- ¿No serás maestra? :D
    Me gusta mucho ese planteamiento tan interesante en la sutileza de las emociones del cuento. Nuevamente el olvido de la belleza por la belleza, la belleza sencilla de una flor ornamental a la que los jóvenes apenas hacen caso en comparación con la grandiosidad evidente, casi vulgar de los grandes edificios.
    He de decir, no obstante, que muchas plantas cultivables ¡tienen flores bonitas! Sin embargo entiendo que se busca algo más poético. Queda muy claro como la practicidad y grandiosidad se anteponen a la belleza más sutil incluso en un mundo que se supone ha aprendido de sus faltas.
    Esta historia es una gran fábula en cierto modo.

  • Arachne81 @Arachne81 hace 1 mes

    Gracias por comentar mi relato @Jon_Artaza! Soy profe de secundaria. Imagino que se nota jaja

  • Susana Calvo @Susana hace 1 mes

    Muy evocador. Me encanta, soy una "buscadora" de la belleza :-)

  • Arachne81 @Arachne81 hace 1 mes

    Gracias @Susana!! :)

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 29 días

    @Arachne81 :D Se veía venir.


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