Los colosales rascacielos del centro de la ciudad aún se mantienen en pie. Pero ya no son la imagen del poder, represión y miedo que otrora fueron. Ahora se erigen como ruinas consumidas por árboles y enredaderas. Edificios muy altos para recordar lo bajo que había caído el mundo.

Consumidos por la codicia, los poderosos hacían cosas horribles a los menos agraciados, solo fue cuestión de tiempo que los de abajo nos armásemos contra los de arriba. La revolución tomó fuerza en todo el mundo, fue un efecto dominó que terminó con toda aquella sociedad, pero igual que antaño todo tenía un precio, el precio de la libertad fueron vidas, entre ellas la tuya. Quedamos mermados, desamparados, solo sabíamos que habíamos vencido, pero no que hacer tras vencer.

Los años de anarquía fueron más pacíficos de lo que cabía esperar, pero tampoco mucho, ¿sabes? Los alimentos faltaban, se crearon milicias y guerrillas por ideología, perdimos a más gente. Durante este período, la naturaleza volvió a abrirse paso entre el asfalto, el hormigón e incluso el metal.

Junto con la vegetación, una nueva sociedad brotó, las ciudades, aún escombradas, ya no eran el hogar de las personas, todos nos alejamos de ellas, abandonamos la idea de seguir entre las ruinas de la sociedad que nos hizo tanto daño. Nos asentamos en pequeños campamentos a las afueras de las ciudades, varias pequeñas colonias nos juntamos con el tiempo y creamos una colonia única con vistas a la ciudad fantasma.

La producción de alimento pasó a manos de plantaciones comunitarias. Nos olvidamos del petróleo y el carbón, rescatamos los paneles solares y puenteamos las granjas eólicas. La energía eléctrica sobrante la empezamos a usar para recargar vehículos eléctricos restaurados por los ingenieros y mecánicos. Tractores, para facilitar el cultivo, primero la supervivencia, hija, después vinieron los vehículos de transporte.

Estuvimos totalmente incomunicado durante más de un lustro, pero restauramos un sistema de comunicaciones por radio gracias a una de las torres que restauramos de KatdioFM. Ya había varias colonias comunicándose por diversas frecuencias y abriendo vías de transporte de ayuda entre ellas. Nos unimos a su red, cargábamos los vehículos de alimentos sobrantes y los enviábamos a las colonias en mal momento. Cuando llega el invierno en el norte, las colonias del hemisferio sur nos envían ayuda a nosotros y viceversa.

Hemos empezado a convertir las colonias en nuevas ciudades. Reutilizamos materiales de las ruinas para ello. Los animales salvajes han vuelto, incluso algunos que creíamos extintos. El cielo vuelve a ser azul, las estrellas han vuelto a poblar la noche.

Me imagino que te preguntarás ¿Por qué siempre me cuenta la misma historia? Pues porque me gustaría que vieses aquello por lo que luchaste, hija mía. Porque te quiero, pequeña, y mereces saber que nos diste el futuro que merecías. Y la rosa es para ti, ya le dejé a tu madre la suya, esta es la tuya. Para mis dos Rosas, aún os echo de menos.


Comentarios
  • 3 comentarios
  • Laura_M_A @Laura_M_A hace 1 mes

    Tuve la oportunidad de comentar este relato y sin duda fue mi favorito de los que me tocaron

  • JjWhite @Artyom97 hace 1 mes

    @Laura_M_A Muchísimas gracias. Casualmente comenté el tuyo y me dejaste maravillado.

  • Laura_M_A @Laura_M_A hace 1 mes

    Que curioso que nos haya tocado comentarnos mutuamente. Tu relato también me gustó un montón.


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