—No me puedo creer que todavía no hayamos encontrado una solución.

—Hoy puede ser el día menos pensado. No te preocupes, Cris, cada vez estamos más cerca.

—Odio tu positivismo mañanero. —Me mira de reojo mientras nos metemos en las cápsulas de transformación.


Cuando vuelvo abrir los ojos ya estamos en Alhena. Salimos por el árbol que hace de portal entre los dos mundos. Nuestra realidad está al punto del colapso, calculo que sobreviviremos apenas una década más. Por eso nuestra misión, encontrar un remedio para salvarnos de nosotros mismos.

Durante meses de viajes por el universo, encontramos Alhena hará solo un par de días. Es una sociedad muy avanzada en todos los aspectos. Sus habitantes nos acogieron con amabilidad. Son muy pacíficos, ni siquiera tienen armas. Aunque su tecnología es muy superior a la nuestra.

Están encantados con tener visita, nos enseñan su forma de vida. Sus casas están hechas de un material que desconocíamos, pero hace la misma función que nuestros paneles solares. Viven de sus cultivos ecológicos, todo muy natural y sin explotaciones ganaderas.

Era la sociedad modelo que Cris y yo buscábamos para asemejarnos y no extinguirnos. El problema que veíamos era que imponer sus normas y forma de vida a los humanos sería complicado. No podemos cambiar de inmediato un mundo donde gobierna el dinero, las guerras y las etiquetas. Teníamos que buscar algo más concreto, algo que fuera sutil, invisible, pero eficaz.



Caminamos hasta salir del bosque y llegar al edificio principal. Ya nos estaba esperando Necca, nuestra guía, y la única en conocer nuestro verdadero problema.

—Hola, chicos. Hoy iremos a los lagos que hay en esas montañas. Su agua llega pura desde la cima, quizás allí encontréis la solución que buscáis.

Nos ponemos en marcha enseguida, a medida que subimos por la ladera empiezo a oler algo. No sé qué es, nunca había percibido este aroma. Miro a mi alrededor buscando qué es.

—¿Te pasa algo?

—¿No lo hueles? ¿No notas una paz en el interior de tu pecho? Como si todo lo maligno desapareciera.

Cris empieza a olfatear el aire también.

—Creo que te refieres a las rosas.

—¿A las qué? —respondemos Cris y yo a la vez.

—Son esas flores que veis ahí. Están son verdes, pero las hay de otros colores, las más comunes son las rojas.

Oía a Necca de fondo, esas flores me habían cautivado. Son verdes, el color de la esperanza.

—¿Crees que esto puede ser lo que buscamos? —Cris me sacó de mi trance. Asentí indicándole que pensaba lo mismo—. Necca, creo que hemos encontrado lo que queríamos ¿nos podríamos llevar algunas de ellas?

—Por supuesto. Tenemos un banco de semillas, dejemos el lago y vayamos a por ellas.

Salimos de las cápsulas cargados de bolsas de semillas. No podemos creer que tengamos el remedio entre nuestras manos. En unos días el aroma de las rosas frenaría el mal de nuestro mundo. Conseguiremos lo que tanto ansiamos. Vivir en armonía.




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