—Lo siento —murmuró Marc sentándose a mi lado haciendo el menor ruido posible—. Marta y Noa no se querían dormir y me revolucionaron al grupo. Al final he tenido que dejarles a cargo de Susana. ¿Me he perdido algo? 

—Nada, Madre está recordando que tenemos la fiesta de la cosecha dentro de un mes —le respondí manteniendo el tono de voz bajo. Ya me había llevado una reprimenda en la última reunión, no sé mantener la boca cerrada. 

—Estupendo, estoy deseando que llegue. Son mis primeras calabazas, y la verdad es que están creciendo genial. Tengo muchísimas ganas de repartirlas…

Madre carraspeó y, por suerte, miraba a Marc. De ésta me había librado. 

—Si el jovencito recién llegado no tiene inconveniente en cerrar el pico empezaremos el repaso semanal de la comunidad. Neire, ¿estás lista? 

—Si, madre —respondió rauda la joven colocando los dedos sobre el teclado. 

La mayoría estábamos presentes, pero teníamos costumbre de enviar la newsletter de todas formas. 

—Bien. Viernes, doce de julio de dos mil cuarenta y dos. Madre Itziar preside el semanario. 

No le hice mucho caso al reparto de tareas inicial. Durante la siguiente quincena me tocaba llevar El Nido por las mañanas. Marc estaba deseando deshacerse de los pequeños y no dejaba de recordármelo. Se lo habría cambiado encantado durante la primera quincena, pero el Todos Para Todos nos obligaba a rotar todas las tareas sin saltar ninguna. Y el molino tampoco estaba mal. «Así aprendes a valorar lo que hacen los demás, Cibrán», me decía siempre mi abuela. 

La echaba de menos. Llevaba ya dos años sin ella, desde los quince, pero todavía no me hacía a la idea. Y eso que tampoco la había conocido demasiado, cuando yo nací ya estaba en El Jardín, por el Alzheimer. 

Volví a conectar con la reunión. 

—…la zona de Gil, Muñoz y Carrasco ya ha sido conectada a la Red. Y en el edificio Villares-Aguilar avanza rápido la colocación de los paneles. 

Todavía no tenía muy claro qué haría al cumplir los dieciocho, pero si no me quedaba con El Nido, la electrónica también me gustaba. Quizás podría subir a la azotea de Villares-Aguilar por las tardes para ayudar a los instaladores. Parecía que venía una semana de lluvia, así que cuanto antes estuviera todo montado, mejor. 

—Cibrán, prepárate porque tendrás dos cabezas más a las que vigilar. Los gemelos de Mili empezarán el lunes. 

Había visto a los pequeños hacía solo unos días paseando por el parque. Empezaban a balbucear, así que debían tener unos cinco meses. 

—Sin problema, Madre. Lo tengo todo bajo control. 

Debía haber ya una media docena de niños en El Nido de la Comunidad. La natalidad empezaba a mejorar desde que las cosechas habían mejorado y la luz no se cortaba.

Éste iba a ser nuestro año. Hasta empezaban a llegar solicitantes de otras regiones. Fantástico, tenemos sitio para todos. 

Comentarios
  • 1 comentario
  • Lux @LuxLeo hace 18 días

    Hola, como puedo escribir y publicar en esta plataforma? soy nuevo.


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