-¿Lo dices en serio? -dijo el soldado riendo socarronamente y se dirige a mí.- ¿Qué sacas tú a cambio? ¿Morir?

-Un puesto como soldado en tu ejército. -Me meto otro trozo, acompañándolo de un trago de dulce vino.

-Si superas eso te tendría que dar mi puesto… Para que veas que es imposible.- Levanto una ceja incrédula, me levanto de la mesa y abro una de las puertas del coliseo de donde sale un león, este se coloca a mi lado y nos dirigimos de nuevo hacia los soldados, ahora estupefactos.

-¿Para cuando dices que comienzo?

El jefe supremo la mira sorprendido, pero lo prometido es deuda…

-¡Soldados!, aquí os presento a la nueva Jefa Suprema de los soldados de Roma.-Levanto mis brazos en señal de victoria mientras me acompaña el rugido del león.

Primera victoria y no me pienso rendir, gracias a mi alma de león.

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