Un shakuhachi bajo el barro. Riku no entendía como aquel instrumento utilizado en las ceremonias religiosas había llegado a la plantación de arroz. Utilizó la manga para despojar la tierra adherida a su superficie y lo examinó a la exigua luz del atardecer. Parecía estar elaborado en madera, pero de un color tan oscuro que volvía imposible determinar su procedencia. Lo guardó en la cintura de su pantalón, postergando una revisión detallada para cuando terminara de prensar los últimos montones de tierra. Si todo salía bien, la producción de arroz de aquella cosecha superaría con creces a la del año anterior. Riku no probaría ni un mísero grano, pero esperaba ganarse con ello el favor del daimyô.

Se enfrascó durante el tiempo que precedía a la noche en amasar la mayor cantidad de tierra mojada, creando una pared lo más alta y compacta que pudo. La terraza debía quedar completamente estanca para evitar las filtraciones de agua. Al terminar la faena, se sentó sobre su propia obra, cansado y orgulloso, y sacó el instrumento musical para estudiarlo.

Sin duda era bella, incluso poseía cierto halo mágico. Elaborada de una única pieza y mucho más pequeña que la utilizada en las ceremonias budistas. Le dio vueltas sobre su mano mientras sopesaba lo que podía pedir a cambio. Distinguió unos caracteres rodeando los cinco orificios. Imaginándose ya con un cuantioso botín, se llevó la boquilla a los labios y sopló.

Nada. Lo intentó de nuevo, esta vez más fuerte. Silencio. Aspiró hasta llenarse los pulmones y vertió todo el aire dentro del instrumento hasta vaciarlos por completo, hasta dejarse la propia alma en el interior.

Poic.

Riku levantó la cabeza, alertado. Había escuchado una gota de agua y ese sonido nunca albergaba nada bueno. Una gota nunca caía sola. Significaba que alguna de las canalizaciones del cultivo tenía una pérdida. Era el sonido de la imperfección.

Volvió a guardar el shakuhachi y palpó los diques que tenía alrededor. Poic. Golpeó la tierra con nerviosismo. Poic. Se subió a la terraza más alta y escudriñó el agua de los arrozales, esperando ver una onda en la superficie que delatase la filtración. Poic. Exaltado, se arrodilló delante del último dique construido, empapándose hasta las rodillas, y comenzó a reforzar el dique con puñados de tierra.

Poic.

Absorto, fue incapaz de notar la sombra que emergía a su espalda. Una figura de un blanco sucio, con un vestido que ocultaba por completo su silueta y se perdía en las aguas del arrozal. Una melena larga y oscura ocultaba el rostro del que solo asomaba una nariz retorcida del mismo blanco sucio que el vestido. La figura se agachó sobre la espalda de Riku y, aunque este no la notó, todo el vello de su cuerpo se erizó en señal de alarma. La melena descendió hasta casi rozar la cabeza del campesino, quedando el esperpéntico apéndice nasal por encima de su oreja. La melena vibró con el sonido de un susurro.

Poic.

Comentarios
  • 5 comentarios
  • Susana Calvo @Susana hace 16 días

    ¡Qué miedo! Un relato terrorífico y muy visual.

  • Muy conseguida la sensación de terror in crescendo. Tremendo final totalmente en tensión, te deja el cuerpo trémulo

  • Raquel Valle @ValleS hace 15 días

    Qué idea tan original utilizar un instrumento hechizado! Me ha encantado, sobre todo el momento en el que sopla hasta dejar su propia alma en el interior. Detallazo!

  • Isama @Ibanmsm hace 15 días

    Muchas gracias por los comentarios!! Me han alegrado la tarde, el día y toda la semana!! <3

  • Arachne81 @Arachne81 hace 8 días

    Me ha encantado la atmósfera de tu relato y el último párrafo es brutal. Enhorabuena :)


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