La Emperatriz Nakano Jingu no había sido educada para gobernar, ni para liderar al ejército. Su papel era servir y apoyar a su progenitor, a su esposo y a sus hijos varones. Así que el día que murió su padre permaneció discreta atendiendo a los invitados. También debía dirigir la ceremonia para nombrar a su hermano como nuevo emperador. Y lo hizo, preparó el mismo veneno que mató a su padre y  a todos aquellos militares y miembros del gobierno que podían suponer una amenaza. Nadie imaginó que la dulce Nakano estaba detrás de la extraña enfermedad que asolaba el castillo. Y así tomó su corona y estableció el Soghunato de Takenaka porque el pueblo necesitaba disciplina, sobre todo en estos tiempos de guerra, hambre y rebeliones. Por ello, dejó el Gobierno en manos del mejor estratega del Imperio y uno de sus más fieles amantes, Takenaka, quien no dudaba en rebanar el cuello de cualquiera que conspirase contra ella, la bella y dulce Nakano; incluso el de los hijos que tenía con otros si no mostraban respeto a su madre. Pero su corazón se torció el día que desapareció el pequeño Yorimoto, ni siquiera había cumplido los dos años.

—Takenaka, liderarás la campaña del Norte. Los rebeldes del clan Oda no comprenden que no ganarán la guerra. ¡Aplástalos!

—Se hará como ordene —respondió el shogun.

—Toma esta vasija con el sello imperial, quiero que le des agua en persona a los más pobres. ¡Que en los caminos sepan que la Emperatriz les protege!

Takenaka cumplió las órdenes de su líder y amada. Dispuso un suplente temporal para el Gobierno, organizó al ejército y partió. Sus espías le informaron de las posibles rutas que siguió el pequeño Yorimoto. Los caminos estaban llenos de miseria y Takenaka dio de beber a muchos pobres. Cuando ya casi había perdido la esperanza de encontrar una pista sobre Yorimoto apareció una pordiosera con un bebé que apenas caminaba. Takenaka se acercó a ella y le ofreció la vasija con agua. La mujer accedió con una reverencia y le puso al niño en brazos. Takenaka lo acogió y la mujer le devolvió la vasija.

—Dale el agua a él. Lo necesita más que yo. 

El shogun accedió y descubrió con alegría que el niño bajo los harapos era el pequeño Yorimoto. El parecido con la emperatriz y con él el mismo era evidente. Lo abrazó, feliz. El sello imperial de la vasija empezó a brillar. La mujer se volvió transparente. El niño se tornó rígido en brazos de su padre, gris y finalmente piedra.

—¡Ubume! —gritó desesperado Takenaka al ver a la fantasma.

De la vasija, salió un humo morado que se transformó en la Emperatriz Nakano, la ubume se arrodillo frente a ella, adorándola.

—Tu hijo me mató en el parto y lo amas más que a mí. ¡No lo puedo consentir! Qué tu hijo hecho piedra te aplaste —dijo Nakano señalándole —. ¡Desleal! —Gritó.

Y así comenzó la era de terror de las Ubume, legión de fantasmas cuyos hijos asolaron Japón.


Comentarios
  • 5 comentarios
  • Felix.B @Felixbel hace 3 meses

    Entonces la emperatriz ya tenía 2 años muerta?

  • Madre mía... casi te hubiera valido para el relato de ambientación grimdark, qué mala leche tiene la señora! Ahora me pregunto, nadie se dio cuenta de que murió en el parto?

  • Susana Calvo @Susana hace 3 meses

    No es mi mejor relato :-( Y ya me han apuntado que es más fantasía oscura histórica que terror en los comentarios. Y tienen razón lo hice y lo entregué al filo de la campana. En lo del parto tenéis toda la razón, quedó demasiado en el aire, tenía que haberle dado unas pinceladas sobrenaturales o algo para que se intuyese y, además, algo cegase al resto. Esto concordaría con las ubume ¡Gracias por comentar!

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 3 meses

    @Susana concuerdo con @Kalleidoscope , perfectamente podrías haber hecho esta historia cuando lo del grimdark. Los 2/3 me han parecido brutales, con ese gusto a narración de cuento antiguo, tan descarnado y directo. En el final me perdí un poco, tengo la impresión que hay muchas ideas ahí que no pudiste desarrollar plenamente por el espacio. Pero las cosas como son, el ambiente a mi me ha parecido sobrecogedor.

  • Susana Calvo @Susana hace 3 meses

    Gracias, @Jon_Artaza. Lo escribí la hora antes de entregarlo, aunque los días previos me documenté un poco. Pero, no me siento muy cómoda con el terror del Japón feudal; con el grimdark, sí. ¡Gracias por comentar!


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