Belleza rubia. Pelo rizado. Playa. Daiquiris. Risas. Abrazos. Besos.

Se despierta, pero no abrazado a su esposa, sino a un labrador que no para de lamerle la cara. Se siente desorientado y no logra localizar ni su propio nombre ni el del perro, pero sí el de su mujer, Nancy Claire. Sacude la cabeza intentando ubicarse, pero todo a su alrededor es vegetación, tan alta como desconocida. Mientras se levanta, comprueba que está desnudo, a excepción de unas bermudas con estampado de triángulos. Y, en ese instante, un súbito y estruendoso rugido de algo gigantesco resuena demasiado cerca.

Un monstruo viene a comerle.

Trabajo. Promoción. Esposa. Caja. Lazo. Premio. Cachorrito.

—Corre, Price, corre —grita, al recordar el nombre de su fiel amigo. Pero, antes de poder hacer nada, surge una criatura de diez metros, parecida a un tiranosaurio, con brazos mecánicos, que, de un solo bocado, engulle entero al pobrecito Price.

Un dinosaurio mecanizado acaba de devorar a su mascota.

Rostro rudo. Condecoración. Bandera americana. Himno. Saludo marcial.

Su nombre es John Shepherd, Cabo Primero de la Marina de los Estados Unidos de América. Con medalla al valor. Que de poco le vale ahora, paralizado ante lo ocurrido. El ser desaparece en la vegetación tan rápido como apareció, y, cuando intenta seguirlo, no encuentra ni rastro. Lo que sí encuentra son unas zapatillas deportivas. Y unas pisadas, humanas, que se alejan.

No está solo.

Yate. Tormenta. Inconsciencia. Calma. Indemne. Perdido. A la deriva.

Aún ignorante de qué pasó en su barco, sigue las huellas, que le llevan a un montículo elevado, para ver si logra ubicarse en todo esto. Al llegar a la cima comprueba, como sospechaba, que se encuentra en la típica isla desierta.

—La puta —exclama, incrédulo, cuando se da cuenta de que no es tan típica: el azul más allá de los límites de la arena no es mar. Es cielo.

La isla vuela.

Noche. Camarote. Luces parpadeantes. Cubierta. Objeto esférico flotante.

¿Hay un ovni relacionado con todo esto? Oye un zumbido eléctrico, y siente una pulsación bajo sus pies. Sigue la vibración en aumento, con lo que, tras un rato caminando, se topa con una compuerta metálica. Está incrustada en la tierra, en medio de la nada, con un cierre giratorio en el exterior. Tras abrir la esclusa, ve una escalerilla que desciende hacia las profundidades. Y, desde el fondo, se oyen risas.

Risas Humanas.

Estancia blanca. Seres verdes. Rayo vertical. Cuerpo inerte descendiendo.

Si fueron esos extraterrestres los que le trajeron a la isla, ¿quién está ahí abajo?

Desciende por la escalerilla hasta llegar a un pasillo. Las voces vienen de una puerta al final del mismo. Corre hasta ella, la abre, y al otro lado hay un espacio enorme con docenas de personas interactuando libremente.

Y todas esas personas son iguales a él.

* * *

A nadie le extrañó que cancelaran la serie "Bermuda" de Z.Z. Isaacs incluso antes de finalizar la primera temporada. Demasiados cabos sueltos.

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