Me preguntaba si las otras dos seguían vivas o si corrieron la misma suerte que esta chica pelirroja a quien encontré muy cerca de la playa con una flecha en el pecho, estuve con ella un par de minutos sujetando su mano, hubiera deseado ayudarla más, pero escuché el sonido de voces y pasos acercarse a ritmo acelerado.

–Tengo que irme.

–No, no me dejes. –lloró.

–Lo siento. –Me alejé lo suficiente pero no pude evitar observar desde la distancia.

–¡Oye Raúl! Mira, al final si le atinaste, maldito suertudo.

–Vamos llevémosla a la cabaña, veamos quién le atina a la cabeza primero con los ojos vendados.

–¿Que hay de las otras?

–¿A donde crees que irán? Estamos en mi maldita isla privada en medio de la nada. Mañana seguirán por allí.

Se supone que este trabajo sería pan comido, cinco mil dólares por bailar y entretener a un grupito de niños ricos en una despedida de solteros. Me propusieron el trabajo en un bar; cuando llegue a la dirección que me habían dado me sorprendió ver un jet privado ¿una despedida aérea? Quizás, me acerqué al lugar y vi a otras cuatro hermosas chicas allí, al parecer no sería la única, sentí un poco de alivio era menos probable que algo malo pasara si éramos varias ¿no?

–Bienvenidas señoritas, mi nombre es Raúl y soy el anfitrión de esta despedida de soltero que organizo para mi hermano menor. –lo señaló, el joven ruborizado devolvió un saludo seco hacia nosotras. –con nosotros también estarán nuestros amigos más cercanos. Se preguntarán que hacen aquí, pues es muy simple, iremos a mi isla privada y celebraremos allí todo el fin de semana. –Una chica levantó la mano, como si estuviéramos en la escuela, aquello hizo reír a Raúl.

–Creí que sería una despedida de una noche.

–Lo entiendo, pero serán muy bien recompensadas. –La chica no aceptó y se fue, recuerdo haber pensado que era una idiota.

Ahora estoy escondida en un manglar, tengo hambre, frío y estoy mojada, pero no puedo salir, esos monstruos aun deben seguir por allí, cazándonos. Al tercer día escuché el sonido del avión, así que era poco probable que estuvieran buscándome, igualmente tendría cuidado, habían trampas para osos regadas por todo el lugar. Corrí hasta la pista de aterrizaje y esperé a que el piloto saliera a estirar las piernas, me escabullí silenciosamente y coloqué tres piedras grandes dentro de la turbina izquierda, “buena suerte con esto” pensé. Al cabo de unos minutos los hombres llegaron a la pista y saludaron al piloto con euforia.

–Hola chicos ¿que tal la caza?

–Genial, aunque una se habrá ahogado en el mar porque nunca la encontramos.

–Bueno no sería la primera en intentar escapar nadando ¿eh?

Cuando intentaron despegar la turbina estalló y perdieron el control estrellándose contra las rocas al final de la pista, en segundos aquellos malditos ardían en llamas y yo bailaba de alegría en el medio de la pista.



Comentarios
  • 5 comentarios
  • Madre mía con los niños ricos qué peligro tienen!!

  • Jon Artaza @Jon_Artaza hace 27 días

    @Felixbel Siempre que hay malos, la venganza sienta bien. A mi me hubiese gustado, ya como detalle final, que la chica se hiciese con el arco y los ensartase medio quemados saliendo del avión, por cerrar el círculo y darle justicia a la pobre chica del principio.

  • Felix.B @Felixbel hace 27 días

    @Jon_Artaza que vengativo eres! Lol pero si, supongo que faltó hacerlos sufrir mas.

  • Felix.B @Felixbel hace 27 días

    @Kalleidoscope Por eso cuando algo parece muy bueno para ser verdad es mejor desconfiar. Gracias por pasarte por aquí.

  • Susana Calvo @Susana hace 21 días

    Yo estoy con Jon, un girito ahí al final para reforzar a la protagonista le habría sentado bien :-)


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