No puedo dejar de mirarte, Titus, mientras bebes con delectación el vino que acabo de servir en tu copa, esa gota que resbala por tus labios y que nunca llegarás a saborear. ¡Ay Titus! Amante del juego y los placeres. Nunca imaginé que fueras tú, Lucius, tan reservado e introvertido, quien traería la cicuta: serás desde ese instante conocido como Vespillo. Degusta la medusa y los erizos, adorado Titus, porque antes de que lleguen las tórtolas y la marmota todo habrá acabado para ti. Echaré de menos estas bacanales en mi hogar, rodeado de mis buenos amigos. Nunca más me llamaré Gaius. Mi cognomen será Imperiosus. La música de Aulus permanecerá callada en duelo hasta el día en que loe mis victorias. La política es así, despiadada con los amigos y abyecta con los enemigos. Y yo nací para ser el más grande, aunque sea manipulando vuestros nombres.

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