Lo primero que notas es el lengüetazo de frío en los pies; viene y va y vuelve otra vez, como las hombreras o una tos mal curada. Lo siguiente es el olor a salitre, intenso, y el rugido que se va filtrando por encima del pitido de oídos. Al fin tu cerebro suma dos y dos y concluyes:

«Ah, el mar».

Después de quince años entre tabiques de pladur y hormigón, casi te sorprende reconocerlo. Sin embargo, la sonrisa se te borra de golpe y abres los ojos. Los reflejos del agua y la arena clara te obligan a entrecerrar los párpados, pero no hay duda: este no es tu apartamentucho con vistas a una obra.

Con un quejido logras incorporarte y te tambaleas hasta la sombra de una palmera. Las preguntas se mezclan con imágenes poco claras. Es la visión de cajas y restos de fuselaje entre las rocas la que hace la luz en tu cabeza. Te ves de nuevo sentado en aquella agencia de viajes vanguardistas con sus carteles de saldo y la encargada de sonrisa patentada.

—La experiencia «Náufrago» es una de las más populares. Garantiza una desconexión total con la civilización.

—Eso, eso es justo lo que quiero. —Rellenaste papeles con entusiasmo.

—Además le dormiremos antes del aterrizaje para que al despertar sea lo más realista posible.

—¡Maravilloso!


«Por fiarme de una low cost».

Entre los restos del desastre, encuentras un balón con una cara pintada.

—Supongo que tú eres Wilson.

Rescatas lo que puedes de las cajas y buscas refugio con tu nuevo mejor amigo bajo el brazo.

Poco a poco, logras salir adelante. Tras una semana y muchos retortijones, aprendes qué bayas son comestibles y qué orugas son pasables si las churruscas lo suficiente. La lanza hecha con una rama es casi una prolongación de tu brazo y podrías tejerte un vestuario completo con lianas y hojas de palma. A tu lado, Bear Grylls es un simple dominguero.

Aunque también es cierto que matarías por un móvil 5G y un jamón 5 jotas.

La partida de rescate te pilla en mitad de un debate con Wilson sobre la alineación del Cuspedriños CF.

—...Tú que entiendes, ¿a que el hijo de Manoli tenía que ser titular?

—¿Señor Folgoso? —La agente de viajes se abre paso entre la maleza—. Ya han pasado sus dos semanas. Es hora de volver a casa.


Boqueas, desubicado.

—Pero… el accidente…

—Los restos del helicóptero son parte del atrezo —sonríe—, para que la experiencia sea más real.


El temblor se adueña de tus puños.

—Pienso poneros una estrella en TourAdvisor. Realismo y un cuerno, ¡no hay derecho! —declaras—: ¡Wilson era una pelota de vóleibol, no de fútbol! ¿Cómo se puede meter así la pata?

Su sonrisa no vacila.

—Lamento que no haya quedado satisfecho. Como compensación, permítame ofrecerle un descuento en uno de nuestros paquetes premium.

En lo que tardáis en llegar al helicóptero tienes reservado el especial «Escapada por Mordor».

Al menos ahí no hay mar.


Comentarios
  • 7 comentarios
  • Not Today darkman @Farran hace 29 días

    Muy bien trabajado, gran relato.

  • Mi primera versión para este reto fue también una experiencia vacacional de aislamiento desde el humor, menos mal que al final lo cambié porque no hubiera podido competir con el tuyo. Divertidísimo!!

  • LadyArcher @LadyArcher hace 28 días

    ¡Maravilloso! El humor me parece uno de los géneros más difíciles de escribir y tú lo has hecho de 10.

  • ELEEA B @eleea hace 28 días

    ¡Fantástico! Además tú eres gallego ¿verdad? Me ha encantado. Desde luego mereces la máxima puntuación sin ninguna duda.

  • ELEEA B @eleea hace 28 días

    Gallega... perdón.

  • L_Goimil @L_Goimil hace 27 días

    @eleea Sí, soy gallega jaja. Pensé usar nombres de fuera, pero con lo bien que suena Cuspedriños...

  • Felix.B @Felixbel hace 27 días

    Anda, que no ha quedado satisfecho con la experiencia y antes de llegar al helicóptero ya hizo su siguiente reservación. Haha, muy bueno. Cualquier parecido con la realidad masoquista del ser humano es pura casualidad.


Tienes que estar registrado para poder comentar