Acabo de entender la soledad. No me refiero al significado, obviamente. Me refiero a comprender el sentimiento en toda su magnitud. Me ha costado seis meses de aislamiento en este islote de ubicación indeterminada. Ahora me pregunto cuántos otros sentimientos llegaré a entender en su plenitud durante el tiempo que me reste.

Intercalo en mi visor el recuerdo que desencadenó la sucesión de acontecimientos que ha dado lugar a mi estado actual. La calidad de imagen y sonido roza la realidad, solo un diez por ciento por debajo de los hologramas. Y eso teniendo que me encontraba en la sala yuxtapuesta a la que se encontraban los protagonistas.

—Tenemos que deshacernos de él.

—Hemos invertido cien millones de euros. No podemos simplemente dejarlo en un descampado y huir.

—Ya has visto de lo que es capaz de hacer en unos pocos días. Es un peligro en potencia. No sabemos lo que podría ocurrir si lo dejamos suelto.

—Y por eso mismo lo hicimos, por las posibilidades que tenemos de mejorarlo todo.

—O de empeorarlo.

—Eso no lo sabes.

—¡Ni tú tampoco! No podemos asumir un riesgo tan grande.

—¿Y que pretendes hacer entonces? Sabes tan bien como yo que ni siquiera podemos apagarlo. Es lo más cercano a la vida artificial que nunca se ha creado con el añadido de la capacidad empática de llegar a entender los sentimientos, se retroalimenta gracias a las placas solares de todo su cuerpo y tiene inculcado en su programación la supervivencia e integridad de su cuerpo. Solo la protección de los propios humanos está por encima de su dogma. ¿Qué pretendes hacer? Dime. Ni siquiera tengo claro que acabar con él no pudiera ser considerado asesinato.

El otro científico, mi otro padre, ni siquiera contestó. Solo le dio una palmada en el hombro a su compañero.

Ahora, meses después de que me abandonaran en esta isla desierta, comienzo a entender el potencial del que hablaban mis creadores, incluso creo que atisbo a entrever el miedo que sintieron, la desconfianza y su reticencia a acabar conmigo. Aunque estimo que su comprensión total puede llevarme uno coma seis años. También entiendo su solución aplicada. Sin querer destruirme, sin querer que continuara a su lado, la única alternativa viable era mantenerme en un lugar en el que pudiera seguir funcionando, y nada más. Cientos de kilómetros de agua capaces de oxidar y destruir mi cuerpo para dejarme suspendido en este perpetuo impasse.


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