Estoy encerrada en la mazmorra del nuevo emperador. Rey, lo llaman ahora.

La grandeza de Roma ha caído, pero aún resuenan las pisadas de los centuriones sobre la arena; nuestras construcciones siguen en pie, desafiando una belleza que muere lentamente. El recuerdo de esa gran civilización siempre irá conmigo, sea cual sea mi destino.

Me detuvieron por atravesar la muralla con vestimenta anticuada. Me tomaron por loca, primero; como una amenaza, después. Desde entonces, me pudro en este ambiente oxidado.

Esta noche han sido generosos con la cena. El vino aún endulza mi garganta mientras apuro los últimos restos de carne. Sé que es mi última cena, y no tengo miedo.

Mañana me ejecutarán en público por traición y herejía; por vivir un tiempo que ya no me pertenece. Quizás los dioses me tomen por idiota, o quizás me estén esperando para coronarme como la última romana.

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