El machete está en el suelo. Dudo si cogerlo. Mil ideas se retuercen en mi cerebro como gusanos viscosos. He llegado hasta aquí por mis méritos. Resolví los acertijos. Pasé las pruebas. Encontré la isla.

—¿Quieres 200.000 euros? —dice el hombre de la productora R.O.M.A.—Un mapa, un tesoro y una isla. Todo está en el contrato.

La avaricia es como un contrato.

Siempre he sido ahorrador, comedido en el gasto. El dinero es un activo serio hasta que dejas de tenerlo, entonces se convierte en un activo devorador. Sobre todo, si tu mujer te arruina y se queda con la casa que heredaste hasta que tus hijos sean mayores. Ella decide follar allí con otros mientras tú crees tener éxito y ser feliz cobrando a pardillos tarifas desorbitadas por activos sin valor.

Después ella te expulsa de su(tu) vida y tu gerente, al que también se follaba, lo hace de la empresa: «Ya no eres el mismo» dicen ambos. Es la frase para blanquear conciencias. Te podría pasar a ti también.

—Si consigues llegar al tesoro, es tuyo —dice el de R.O.M.A. —. Eres un tipo excepcional: inteligente, atlético y buena persona. Eres un ganador.

Supero el triatlón, las pruebas de ingenio y encuentro la isla. Otras siete personas también lo logran. Todos estamos ahora en esta playa.

Firmo una hoja en blanco con el sello de la productora.
—Son formalidades. Todo está en el contrato —dice. ¿Alguien ha leído jamás un contrato de trabajo? Así consiguen que todo sea legal.

Si coges ese machete reducirás este momento a matar o morir... El dinero arreglará tu vida para siempre, eso sí.

Miro a cada participante. Veo el caldero con oro en el centro de la playa. 200.000 euros. Me gusta demasiado el dinero. Miro el machete. El sol se refleja en la hoja metálica. Lo cojo y comienzo a correr. Solo veo moverse a dos corredores, una mujer nervuda con el pelo rojo a mi izquierda y un hombre bajito y poco ágil por la derecha.

Corro. Aumento mi velocidad.

Calculo que la mujer llegará después que yo. Tendré tiempo para girarme y lanzarle un machetazo al cuello. Del bajito ni me preocupo, llegará demasiado tarde.

Es el tramo final. Llego al caldero. Me giro dispuesto a matar a mi contrincante.

El gordo bajito está caído en el suelo, inmóvil.

La mujer es un tigre. A penas quedan unos metros. Está a punto de saltar. Oigo dos disparos. Uno impacta en su pecho. Es un dardo. Siento el otro en mi espalda. Y antes de desvanecerme lo comprendo todo.

Es un espectáculo televisivo. Los de R.O.M.A. son bárbaros, pero no tanto. El programa bate récord de audiencia.

El amor al dinero es mi tremenda fatalidad. Rompo el saco de la avaricia para constatar públicamente el precio de mi alma. Lo de quedar como un imbécil les cuesta 2.000 euros, que es lo que finalmente nos pagan a cada finalista corredor.

Todo está en el contrato.

Roma vincit!


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